“Yo no me cubro la boca con la mano”. Walt Whitman.
Arturo Monterroso
Cómo nos vemos de pequeños y ridículos remozando las calles y construyendo nuevos baños para la escuela en Santa Cruz Balanyá; no porque estos trabajos no sean necesarios y hasta urgentes, como en el caso de la escuela, sino porque lo hacemos debido a la visita de Bush y no porque lo merezca nuestro pueblo. Cómo ilustra esta visita la falta de dignidad de nuestros gobernantes; cosa que no debe confundirse con la buena educación ni con el respeto; ni siquiera con el necesario protocolo diplomático. Tampoco hemos podido superar ese complejo de inferioridad ante el hombre blanco. Quien redacta la nota sobre Balanyá en elPeriódico (8 de marzo de 2007) se refiere a los agentes de seguridad utilizando el estereotipo de “altos, fornidos y rubios”. Hubiera bastado escribir que los agentes gringos revisarán hasta el último rincón de las casas de los vecinos –algo, por otra parte, que me parece un abuso–, y que “permanecerán ahí hasta el lunes”; acaso una ambigüedad porque, de acuerdo a como está redactado, lo que se entiende es que se quedarán en las casas como huéspedes obligados –seguramente con sus raciones de comida inocua y sus botellas de Biota, Colorado pure spring water, para no tocar la peligrosa comida local–y no en el pueblo, aunque quizá esto último sea lo que quiso decir. Salva el texto la posibilidad de interpretar el título como un sarcasmo: “Extreme make over” de Santa Cruz Balanyá”.
Espero que Ruth Alonzo –una vecina del pueblo– no le diga a Bush el nombre de su primo mojado para pedirle que lo deje quedarse en Estados Unidos, donde ha vivido los últimos 20 años; no sea que lo apunte en la próxima lista de deportados. Pero dejemos Balanyá porque también he oído decir que se restringirá el derecho a la libre locomoción en algunas áreas de la ciudad. Todo un aparato para cuidar la integridad del visitante y la de sus muchos acompañantes. Ojalá sea mentira porque me parece una alharaca insufrible. Guatemala no es Afganistán. Y quizá el único inconveniente sean los gritos de los manifestantes que se sienten agredidos por su presencia; algo comprensible si uno piensa en las desastrosas decisiones de su Gobierno. Sobre todo la ofensiva contra los inmigrantes, la vergüenza de los prisioneros en Guantánamo y la intervención en Irak. No se trata de un oficioso sentimiento antiestadounidense sino de rechazar una política que ha hecho del mundo un lugar terrible y peligroso. El fracaso de las tropas estadounidenses en Irak es evidente: esta es una guerra inútil –excepto por los buenos negocios, claro–, y ya perdida como la de Vietnam. Quizá el presidente Bush haya olvidado –o nunca haya leído– aquellas palabras de Walt Whitman: “Hermoso que la guerra y sus actos de carnicería hayan de perderse totalmente con el tiempo”. Además, ya se sabe que la democracia no puede imponerse y que cada pueblo es libre de decidir su destino, así hubiera sido la dictadura de Sadam en el caso de Irak. Habría que recordar lo que dijo Charles Bukowski –otro gringo como el viejo Walt– respecto a la democracia y la dictadura: en la democracia todo tiene dueño y cada quien agarra lo que puede, al igual que en la dictadura. “Solo que una esclaviza y la otra destruye a sus desheredados”.
También fue Bukowski quien escribió, refiriéndose a Estados Unidos, este poema llamado Putrefacción y que transcribo –obviando la separación de los versos– para la memoria del presidente Bush: “Últimamente me ronda este pensamiento: que este país ha retrocedido cuatro o cinco décadas y que todo el avance social, los buenos sentimientos de una persona hacia otra se han borrado y se han reemplazado por la vieja intolerancia de siempre. Más que nunca tenemos egoístas ansias de poder; desprecio por el débil, el viejo, el pobre, el desvalido. Estamos reemplazando la necesidad con la guerra; la salvación con la esclavitud. Hemos desperdiciado los logros. Nos hemos deteriorado deprisa. Tenemos nuestra bomba. Es nuestro miedo, nuestra vergüenza y nuestra condena. Ahora se ha apoderado de nosotros algo tan triste que nos deja sin aliento. Y ni siquiera podemos llorar”.
Guatemala, 8 de marzo de 2007 amonterroso@guate.net.gt
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