El diplomático Edmond Mulet llegó a Haití el 2 de junio de 2006. Está a la cabeza de 7 mil 200 militares, 1,700 policías y 1,200 civiles de más de 70 países que conforman la Minustah, cuyo presupuesto es de US$520 millones al año.
El ahora funcionario de la ONU fue diputado y Presidente del Congreso de Guatemala y embajador ante Estados Unidos y la Unión Europea. elPeriódico conversó con él al respecto de cómo se ha desarrollado la misión a su cargo en Haití, cuyo mandato fue renovado el 14 de febrero para extenderse ocho meses más.
¿Cuáles son los principales problemas que enfrenta Haití?
– Los retos son tan enormes y los problemas tan grandes, que no hay espacio para enumerarlos. Sin embargo, para abordar el cuadro general, vale la pena conocer algunos datos: Haití tiene la tasa de natalidad más alta, la expectativa de vida más baja, el porcentaje de HIV más elevado y la mortalidad infantil más aguda de todo el continente. La densidad poblacional es enorme, ya que en un territorio parecido al de El Salvador habitan 8 millones de habitantes, en un espacio medio ambiental sumamente degradado y, en algunas áreas, irrecuperable.
El Estado, muy débil o ausente, recibe el 65 por ciento de su presupuesto de funcionamiento de ayuda externa y no tiene un solo centavo propio para su presupuesto de inversión. La institución básica de todo Estado, que es el Registro Civil, no existe en la mayoría de poblaciones, por lo que los bebés nacen y no los inscriben y la gente se muere, y no los reportan.
La capital, Puerto Príncipe, tiene más de dos millones de habitantes y en ella funcionan cuatro semáforos y hay cinco ascensores. El servicio de energía eléctrica es eventual en algunas ciudades, pero ausente en la mayor parte del país. Casi no hay carreteras, el sistema de hospitales y clínicas está en manos de ONG internacionales, el 85 por ciento del sistema educativo está en manos privadas, pero solo el 5 por ciento de la población puede pagar estudios de sus hijos. La estructura aduanal y fiscal es precaria, la gran mayoría de la economía es informal, no hay un catastro fiable, casi no hay exportaciones, no hay turismo, los niveles de pobreza y de miseria son aterradores.
¿Cómo puede colaborar la Minustah en la solución de esos problemas?
– En primer lugar, ayudando a resolver el problema de la violencia organizada, de los gángsters, lo cual ya enfrentamos con efectividad. Cuando hay un Estado frágil, las mafias tienden a ocupar espacios, y ese es un problema grave en Haití, por lo que estoy convencido de que para poder generar empleo, atraer inversiones, recibir turistas, hay que crear un Estado de derecho.
Y es ahí en donde nos estamos concentrando ahora, a través los programas de reforma de la Policía y del sistema judicial. A mediano y largo plazo, podemos ayudar en la creación de instituciones. Mientras tanto, el sistema de Naciones Unidas a través de sus agencias y programas, ofrece alimentos, educación, servicios médicos y otras cosas.
Naciones Unidas extendió el 14 de febrero el mandato de Minustah ocho meses más. ¿Serán suficientes para estabilizar el país?
– El país ya está estabilizado a nivel político y ya no hay violencia desenfrenada. Desde el 28 de febrero y por primera vez en diez años, el Estado tiene control sobre la totalidad del territorio. Las acciones de seguridad emprendidas desde el 22 de diciembre, permitieron entrar a los barrios y zonas dominadas por los gángsters. Nuestro mandato, autorizado por el Consejo de Seguridad, se ha renovado cada seis meses, ya que hay que adaptar la Misión a las circunstancias y a los retos nuevos que enfrentamos.
Hay consenso en lo importante que es un acompañamiento lo suficientemente largo para crear instituciones permanentes, estables y autosostenibles. Minustah va camino de transformarse de una misión de “mantenimiento de la paz”, a una de “construcción de la paz”.
China no estuvo de acuerdo con que el mandato de Minustah se ampliara a un año como lo había solicitado el Consejo de Seguridad de la ONU. ¿Cómo se explica esta oposición?
– Hubo problemas iniciales entre China y Haití en relación al tema de Taiwán, pero ya han sido superados. Nuestro mandato siempre se había renovado cada seis meses y, China accedió a elevarlo a ocho, lo cual es una muestra de confianza hacia Haití y hacia el trabajo que realizamos.
Sectores de la población haitiana, según se pudo inferir con mensajes y canciones en el reciente Carnaval, se oponen a la presencia de Minustah en el país por considerar que aún no han logrado resultados concretos. ¿Qué responde ante esto?
– En el Carnaval, todas las expresiones de crítica o de burla son aceptadas e, incluso, bienvenidas. Es un poco lo que tenemos en Guatemala con la Huelga de Dolores, un canal de expresión irreverente que forma parte de las tradiciones y de la cultura.
Por otro lado, es cierto que hay grupos que se oponen a la presencia de las Naciones Unidas en Haití, ya que no les conviene. Me refiero a sectores o individuos que se benefician de la impunidad, del desorden, de la corrupción, del contrabando, del tráfico de drogas, armas o municiones; de los grupos gangsteriles, de los ladrones y asaltantes, de la mafia insertada en las instituciones del Estado y que, por ejemplo, medran en la Policía y en el sistema judicial. Cada vez que pueden, estos grupos se expresan en contra nuestra, pero es normal que lo hagan en contra de quienes estamos ayudando a la gran mayoría de la población y al Gobierno, a crear un Estado de derecho.
¿De dónde surgió la estrategia de que los soldados de la Minustah ingresen a las barriadas como Cite Soleil para atrapar a los jefes pandilleros? ¿Ha resultado exitosa?
– Seguimos las indicaciones e iniciativas del Gobierno de Haití. El presidente René Preval da las pautas y yo las ejecuto. Lo que hemos realizado en conjunto con la Policía Nacional de Haití desde el 22 de diciembre ha sido sumamente exitoso, ya que hemos desmantelado todas las pandillas de Cite Soleil, ocupado sus centros de operaciones, capturado a cientos de sus miembros y ahora tenemos un control operacional completo.
Los vecinos han sido liberados del terror de los pandilleros, ya que estos ya no andan por ahí violando niñas de seis, siete u ocho años, ya no roban o extorsionan y ya no tienen lugares a donde llevar a las víctimas de secuestros. Las primeras acciones han sido militares, de gran potencia, para luego permitir a la PNH hacer su trabajo de patrullas y con puestos de registro.
¿Podría ser un modelo para erradicar a pandilleros y sus cabecillas en países afectados por ese problema como Guatemala, por ejemplo?
– Nuestra estrategia en Cite Soleil es muy diferente a la que realizamos en otras zonas “rojas” de Puerto Príncipe, como Martissant. Nos tenemos que adaptar a las circunstancias de cada lugar.
En Martissant hubo 22 muertos por conflictos entre pandillas durante enero, pero solo dos en febrero, y eso se debe a una estrategia de prevención, más que de acción. Lo que sí es común en todas es la información, el contacto con la población, la inteligencia que se recaba en cada lugar, para poder identificar a los pandilleros, los lugares en donde operan, conocer sus guaridas, etcétera. Mucho del modus operandi que hemos utilizado en Haití, podría ser puesto en práctica en otros lugares de América Latina, que tienen problemas similares.
La Minustah se estableció en Haití en 2004. ¿Por qué los resultados y avances en la institucionalización del país se perciben como escasos?
– Si uno toma una fotografía de Haití de hoy la situación es terrible. Pero si uno toma esta foto y la compara con la de hace un año o con la de hace dos años, se puede ver que no hay comparación: ha habido una evolución.
De estar al borde de la guerra civil hace tres años, ahora se ha pasado ya por procesos electorales, se instaló un Gobierno, un Parlamento y autoridades locales. Hay grandes éxitos en la macroeconomía, y ahora se enfrentan los retos de la inseguridad.
¿Considera que Haití es un país en democracia?
– Las elecciones del año pasado fueron las más transparentes y participativas de las que se tiene memoria. El Gobierno de unidad nacional, conformado por los seis partidos más importantes, tiene legitimidad. La forma de trabajo del presidente Preval incluye siempre consultas con la sociedad civil y los sectores más trascendentes de Haití. Para profundizar el proceso democratizador, el presidente Preval piensa lanzar una reforma constitucional que aspira a hacer más eficiente el Estado. O sea que en la forma y en la práctica, Haití es un país en democracia.
La Minustah
>La participación de las Naciones Unidas en Haití comenzó en febrero de 1993 cuando se desplegó la operación conjunta de las Naciones Unidas y la Organización de los Estados Americanos (OEA) en Haití.
>En septiembre de 1993, el Consejo de Seguridad estableció la primera operación de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas en el país: la Misión de las Naciones Unidas en Haití (UNMIH).
>Sin embargo, debido a la falta de cooperación de las autoridades militares haitianas, la UNMIH no pudo ser desplegada plenamente en ese momento para llevar a cabo su mandato.
>En las elecciones presidenciales y parlamentarias de 2000, el Presidente Jean-Bertrand Aristide y su partido Fanmi Lavalas reivindicaron la victoria cuando el número de votantes apenas sobrepasó el 10 por ciento del electorado.
>A principios de febrero de 2004, estalló un conflicto armado en la ciudad de Gonaives y los días siguientes el conflicto se propagó a otras ciudades. Poco a poco, los insurrectos se hicieron con el control de gran parte de la región septentrional del país.
>Atendiendo a las recomendaciones del Secretario General, el 30 de abril de 2004 el Consejo de Seguridad aprobó la resolución 1542, en que se estableció la MINUSTAH por un período inicial de seis meses y pidió que la autoridad de la FMP fuera traspasada a la MINUSTAH el 1º de junio de 2004.
De esa manera se instauró al gobierno de transición con el objetivo de tener un entorno seguro en el que pudiera desarrollarse el proceso político y constitucional de Haití. Además, los involucrados, se comprometieron para prestar asistencia en el restablecimiento y mantenimiento del estado de Derecho, la seguridad y el orden público, así como ayudar al Gobierno.
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