Este no es un país normal con una democracia normal.
Edgar Gutiérrez
Ocurrió con la política de educación, que acabó en un pierde-pierde. La ministra Aceña no pudo legitimar su reforma, pero de todos modos las vocaciones del magisterio público parecen derruidas: apenas diez estudiantes se inscribieron este año en la Escuela Normal Central; mientras, la funcionaria impuso, por acuerdo ministerial, un cúmulo de asignaturas materialmente inalcanzables. Pero la fuerza social de la política sigue desarmada, por eso los maestros vuelven a protestar.
Ha sucedido con la política de explotación minera y con uno que otro mega-proyecto (puerto Champerico, por ejemplo), cuyo saldo es gana-pierde. Ganan acciones rentables y comisiones jugosas Berger, familiares, socios y operadores con las más de 500 licencias otorgadas. Pierden las comunidades y el país: regalías miserables, daños onerosos al ambiente y altos perjuicios a la salud de la gente. ¿Qué decir de las pérdidas de inversiones bancarias y el ayuno de billetes que golpeó sobre todo la economía informal?
Y ahora está ocurriendo con la seguridad pública. En un país normal si un grupo de policías confiesa haber recibido la orden de matar a diputados de un órgano de integración, y luego son ejecutados en la cárcel de máxima seguridad, lo menos que puede ocurrir es que el ministro y el director de Policía se van destituidos, y las fuerzas de seguridad son investigadas al derecho y al revés para desmantelar las estructuras mafiosas. Pero no.
Más tarde, un político denuncia la existencia de dos escuadrones de la muerte dentro de Gobernación, lo cual a esas alturas habría desatado una crisis de Estado. Pero no. Con indignación auténtica los funcionarios le reclaman al político: “¿Con qué autoridad moral nos acusa?”. Entre tanto, el clamor ciudadano ante el espanto tendría profundas implicaciones políticas en año electoral.
Pero el quejido es sordo. O sea, este no es un país normal con democracia normal. Berger, comentan dirigentes políticos que conversaron con él en estos días, no ha perdido el sueño ni su tiempo en estos asuntos, pues opina que se reducen a “alharaca de la comunidad internacional”. Los quejosos reales son el ministro de Gobernación y el director policial que reclaman poca solidaridad: ¡Nos manchamos las manos por una sociedad malagradecida!
Detrás de los debates de depuraciones, reestructuraciones y refundaciones, la visión del Gobierno se va imponiendo, y con ella la pérdida de sentido de la función pública y una más grave exposición de la fractura social. Quienes defienden la política de Vielmann es porque le fían personal y gremialmente, o porque les ayudó a resolver casos dramáticos de secuestros y extorsiones. Pero, ¿el 99.9 por ciento de la población restante? Les queda confiar en la protección y justicia divinas, la autodefensa, el linchamiento o el venadeo. Así es el Estado privado y la privación de Estado.
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3 comentarios:
Santiago Pérez: (2007-03-15 21:00:55 horas)
Que mal que se diga que Guatemala es una finca y que la gente se debe de conformar con lo que le dan. Si existiera un deseo de superación y mejora en las personas podríamos salir adelante. Pero en Guatemala la gente vive bajo la ley del mínimo esfuerzo y después tienen las agallas de quejarse acerca de lo que pasa a su alrededor.
Chepe Pirrir: (2007-03-15 14:19:35 horas)
Guatemala no es un país. Es una fincona en la que los caporales -con ínfulas de patrones- deciden qué se hace, quiénes tienen derechos y quiénes no. El resto de la peonada tiene que conformarse con seguir diariamente "haciéndole huevos", o que se largue a otro país para seguir manteniendo -mediante apetecidas remesas- las infames relaciones socioeconómicas existentes en este conglomerado que de humano tiene muy poco.
Francis Sanchinelli: (2007-03-15 13:20:09 horas)
Guatemala es un país gana-pierde. A lo largo de tantos años siempre los políticos de nuestro país salen ganando de los “proyectos sociales” que hacen. Uno siempre oye que en algún lugar se hizo una nueva carretera, que allá se construyo un puente. Pero en si la construcción de estas nuevas cosas no esta mal, lo que esta mal es que las autoridades de nuestro país siempre salen ganando de dichos proyectos. El país, nosotros los guatemaltecos, perdemos nuestro dinero en los placeres de los demás, y no vemos resultados en el sistema gubernamental. Por eso pasan las cosas que pasan como el asesinato de los diputados salvadoreños, que hicieron ver a nuestro país una vez mas en lo más bajo.
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