Con la sonrisa tímida y franca, Buch me saluda, caminando por esas calles polvorientas de Parramos, él trabaja de maestro, de familia humilde, su único objetivo era serlo y sacar a su gente de esa ignorancia en la que se encuentra la mayoría de sus coterráneos. No habla mucho, siempre fue así, solo lo suficiente dice, el ruido de los aviones de combate apaga un poco su voz, levantamos la mirada al cielo azul de Guatemala, y nos acordamos de una estrofa del Himno Nacional, qué vale decimos y nos despedimos como dos extranjeros en nuestro país. Adiós, Buch, no el otro que llega con aspavientos de hegemonía y de imperio, con toda la parafernalia de la publicidad del sistema tratando de reinventar al capital, es mi amigo Buch Machán.
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