Opinión:
El penúltimo Congreso Jurídico Guatemalteco celebrado hace algunos años fue dedicado a la memoria de Edgar Alfredo Balsells Tojo, quien fue un ilustre y connotado profesional del Derecho, que entre otras cosas, se distinguió por su participación en la Comisión de Esclarecimiento Histórico.
Un hombre definitivamente culto y preparado, que logró por su gran calidad humana, la condición de verdadero jurista. En aquella oportunidad tuve el honor de participar como ponente, junto con Humberto Grazioso Bonetto, a la sazón, decano de la Facultad de Derecho de la Universidad del Istmo, en la comisión de trabajo sobre Ética Profesional. Casi todas las comisiones tuvieron un número de participantes considerable dado que en la mayoría de ellas, el eje central de la discusión era compartir una visión de una Constitución Política para el siglo XXI. Sin embargo, no dejó de ser sorprendente, y por ello opino hoy sobre eso, la poca importancia que los asistentes le dieron al tema de la Ética Profesional. En ningún momento hubo más de 15 personas atendiendo las sesiones de trabajo de esta comisión. No obstante ello, los pocos que participaron sí realizaron relevantes consideraciones sobre el tema y concretamente se hicieron varias recomendaciones relacionadas, tanto con la formación como con el desempeño profesional de los abogados y notarios y que fueron oportunamente aprobadas en dicho Congreso Jurídico. En cuanto a la parte formativa, se concluyó que hace falta reforzar en las universidades la ética y deontología jurídica en cursos de alto contenido reflexivo con la metodología de casos y también capacitar a los docentes para que en todas las materias que se enseñan en las facultades de Derecho, se haga meditación de tipo ético a manera de eje transversal. A nivel de desempeño profesional, se recomendó revisar y proponer modificaciones a la Ley de Colegiación Profesional para sugerir la eliminación de algunos procedimientos que muchas veces se tornan en verdaderos obstáculos para poder sancionar como corresponde diversas conductas inmorales que se manifiestan en el gremio. Una de las cosas que más preocuparon en este foro es la confirmación de que la mayoría de colegas contra quienes se han iniciado procesos por faltas a la ética en los dos últimos años, son de reciente graduación. Por eso, más allá de la necesidad de emprender una revolución educativa, que debe iniciar inclusive antes de las aulas universitarias, debe también castigarse como corresponda a quien atente contra la ética y el decoro profesional. Es vital rescatar la imagen y reputación de los profesionales del Derecho. Es propicio hacer esta exhortativa a las nuevas autoridades de la Junta Directiva del Colegio de Abogados y Notarios ahora que empiezan su mandato. Agregar comentario: |
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