Opinión:De vuelta en WashingtonLuego de una semana de abrazos, Bush retorna a los trancazos. Por: Gustavo Berganza
A George W. Bush lo espera una primavera caldeada de vuelta en la Casa Blanca, luego de una gira en la que los únicos logros sustantivos fueron insertar más discordia en las relaciones de Lula da Silva y Tabaré Sánchez con Hugo Chávez y Néstor Kirchner.
Luego de forrarse de churrascos uruguayos, tortillas con guacamol y frijoles guatemaltecos y panuchos yucatecos, el alicaído mandatario estadounidense tendrá que vérselas con dos graves problemas que demandan su atención inmediata, en un Congreso dominado por los demócratas que ya empieza a ponerlo contra la pared. El primer problema sigue siendo Irak. El Senado por fin iniciará el proceso para continuar el debate parlamentario sobre la utilidad de permanecer ahí y probablemente aprobará una resolución criticando la intervención y pidiéndole al Presidente fijar un plazo para retirar al ejército estadounidense. En la Cámara Baja, se habla ya sin temores de ser calificados como antipatriotas de la necesidad de limitar el presupuesto dedicado a la intervención y se cabildea una ley para obligar al comandante estadounidense en Irak a comparecer de manera periódica ante el Congreso para informar del curso de la guerra. El segundo problema tiene que ver con el destape de maniobras iniciadas por el secretario del Departamento de Justicia, Alberto González, en connivencia con la Casa Blanca, para despedir a fiscales federales que impulsaban investigaciones y procesos en contra de políticos corruptos. Parece que la intención de González al despedir a los fiscales era, en unos casos, por haber puesto en evidencia las maniobras ilegales en las que incurrieron militantes del partido republicano y en otros, por no haber logrado condenas rápidas en casos que implicaban al partido demócrata. Las audiencias convocadas por el Comité Judicial del Senado han tenido la virtud de poner en evidencia los vericuetos utilizados por el Fiscal General estadounidense y los asesores de Bush para sacar provecho partidista de los poderes omnímodos que so pretexto de combatir al terrorismo le otorgó la Ley Patriota (Patriot Act) al Presidente. Lo irónico de este último caso es que durante su conferencia de prensa al lado del presidente Berger en el Palacio Nacional, Bush intentó eludir su responsabilidad en las razzias contra emigrantes guatemaltecos argumentado que en su país su gobierno solamente se limitaba con ello a hacer cumplir las leyes. Y hoy, los documentos que ha divulgado el Congreso estadounidense confirman que en la Casa Blanca de Bush lo que menos importa es eso, sino sumarle más poderes al Presidente y ponerlo por encima, incluso, de la Constitución estadounidense. No deja de ser desalentador el panorama que debe afrontar George W. ahora que ya retornó Washington, porque al fin y al cabo entre los republicanos era el que más comprensión mostraba hacia el tema de los emigrantes. Así que olvídense de esa promesa que hizo de que para agosto veríamos un cambio favorable en ese tema. Agregar comentario: |
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