Permitir que el público participase de viva voz en el foro que se diera después de proyectado el documental Voces de la Mirada, hizo del evento algo distinto puesto que –aunque parezca mentira– esto es algo que no es común entre nosotros. El público –tal la norma general– tiene que limitarse a formular sus preguntas y observaciones por escrito –las que se tamizan y censuran– con lo que paran siendo todos los foros, víctimas de tal formato, intrascendentes y aburridísimos monólogos. El foro celebrado después de la exhibición de Voces de la Mirada fue distinto y permitió que floreciesen diferentes puntos de vista, lo que enriqueció el evento y merece un necesario reconocimiento a los organizadores. El documental presentado es toda una realización en el género: imágenes, sonido, concepto, hacen de este, además, una obra de arte. Harris Whitbeck y Ana Carlos, los realizadores, tienen sobrado derecho de sentirse satisfechos.
Me permití hacer algunas observaciones que quizá debí callar puesto que la obra es tal y, a estas alturas, no admite correcciones. Sin embargo no pude ocultar que percibí un sesgo político innecesario, apenas un instante, pero categórico –en que se personifica “el mal” con el uso de una imagen del general Ríos Montt, lo que hice público en el foro y me permití compartir, después, con Harris Whitbeck padre, en estos términos: ¿Tan malo fue el programa de fusiles y frijoles, que en él se personifica el mal? Este sesgo es grave porque la obra la presenta la Secretaría de la Paz, entidad que debiese de ser ajena a innecesarias connotaciones políticas que adquieren –quiérase o no– ribetes partidistas. Tal pasaje tiene que asociarse, además, con la más que rebuscada fotografía del actual Presidente de la República –radiante– tomada de tal forma por la cámara cinematográfica que resulta más importante, como imagen, que la proyectada, en vivo, por la propia Secretaría de la Paz.
Debí callar porque, a estas alturas, no se eliminarán del documental ni aquella imagen ni la foto.
El foro, sin embargo, tenía que trascender a la obra de arte –el documental había cumplido su objetivo– y llevarnos a la discusión de algunos aspectos –más allá de las formas.
El drama vivido en Guatemala se magnifica, una vez más, en lo cuantitativo como que si no tuviese importancia alguna el atropello de un ser humano y el atropello de la vida, a menos de que se trate de muchos seres humanos y de muchas vidas.
Rony Elmer Orellana, un niño de escasos nueve años de edad, fue asesinado por la insurgencia, recién iniciado “el conflicto”. Lo cosieron literalmente a balazos y ese crimen jamás ha merecido repudio alguno. Jamás un insurgente ha podido decir “lo siento” y, menos aún, pedir perdón por ese crimen. Jamás ha sido señalado por los grupos que defienden los derechos humanos como un imperdonable atropello a esos derechos.
Rony Elmer Orellana no está en la agenda. No interesa. Ninguna organización internacional tiraría ni un solo centavo a los grupos nacionales para hacerlos protestar en este caso.
El proceso de paz lo veo secuestrado. Lo veo secuestrado por aquellos que no han llegado a entender absolutamente nada puesto que, justificado un crimen, se justifican todos. Por aquellos que dicen conmoverse ante las masacres pero no ante el asesinato de aquel niño. Por aquellos que son capaces de llorar tan solo por sus muertos, pero no por los muertos de los otros. Por quienes ponderan el momento de la firma sin dar crédito alguno al esfuerzo anterior que fuera realizado. Por quienes no entienden que la paz es un don de Dios, inalcanzable por el hombre, y que a este lo que puede hacer no es otra cosa que crear las condiciones para hacerla posible. En palabras de Su Santidad, Juan Pablo II: no puede haber paz sin justicia ni justicia sin perdón.
Algún día se hará el documental que quiero ver. Espero que, en aras de la excelencia, también lo hagan Harris Whitbeck y Ana Carlos.
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1 comentarios:
Manuel Aler: (2007-03-21 10:59:05 horas)
Para empezar, el asesinato de ese niño, como mínimo, debe ser documentado y denunciado. Pero sobre el "General Electric", me parece que el uso de su imagen personificando el mal, es poca cosa comparada con los hechos que ordenó cometer o que omitió detener. Es poca cosa, comparada a su cobardía y a su amnesia histórica. Es poca cosa, comparada a su cinismo y habilidad para evadir la ley y la justicia. Algún día, Lic. Valladares, verá el documental que todos queremos ver; con los asesinos en donde corresponde, no haciendo política. Si con la ley no se ha logrado nada contra ese energúmeno, la condena social y pública es lo menos que se espera.
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