Hasta el 20 los diarios reportaban la desazón del Partido Patriota: al pedir el voto de falta de confianza al ministro Vielmann, ese día previsiblemente sus diputados estarían solos. La responsabilidad se achacaba al Cacif que había adoptado la línea abierta de defensa a Vielmann y su política de seguridad. Por eso la votación, que hizo la mayoría en contra el Ministro, tiene varias lecturas políticas.
La obvia es que constituye otra severa derrota del gobierno de Berger. Pero traza de manera simbólica un margen de autonomía de los partidos de oposición en su relación con el gran poder económico. Los partidos supieron leer la coyuntura; el Cacif, en cambio, todavía no sabe descifrar ni cooptar a un Congreso elusivo, de intereses elementales y de múltiples gavetas.
La lógica de este período es electoral. Nadie puede hacer en las tarimas una crítica solvente a la política de seguridad sin mostrar coherencia en el Congreso. El argumento de la familia separada –Pan, Gana, Unionismo– sobre la salida del Ministro no resuelve el problema y equivale a una exoneración, se desentiende de la norma básica del estado de derecho: que los funcionarios obedezcan la ley.
De todos modos cada partido que venció en el juicio político a Vielmann encaraba sus propios dilemas. La UNE recién postuló como su precandidato a la Vicepresidencia a Rafael Espada, hermano del Ministro de Gobernación; pero a la vez necesitaba demarcarse de acusaciones que le asociaban a financiamiento del narcotráfico (Inforpress 16 marzo, citando dos comunicados del autodenominado “Comité de Dignificación de la PNC”).
La conducta del FRG sigue un solo hilo: evitar la extradición de Efraín Ríos Montt solicitada por las cortes españolas, y seguirá así hasta que el Tribunal Electoral decida inscribirlo en mayo próximo; pero la última resolución de la Corte Suprema contraria al General, bien pudo incitar al partido a mostrar su poder de gran articulador en el Congreso. Finalmente, el PP manteniendo su línea electoral de rompeolas –que lo posicionó como segundo en intención de voto– enfrenta el dilema de que la crítica a la política de “limpieza social” es la automática descalificación de su propio lema de campaña, “mano dura”.
Tras esa pequeña rebelión de los partidos, Berger anunció que se sentará a “evaluar todo”. Pero sentado ya quedó. Vielmann hizo otro mal cálculo político y el Congreso lo abatió a pulso.
Agregar comentario:
4 comentarios: