Un grupo con una expresa querencia por el mainstream jazz ha sido la primera representación de Guatemala, en el Festival Internacional de Jazz, 2007...
Jorge Sierra
Un grupo con una expresa querencia por el mainstream jazz ha sido la primera representación de Guatemala, en el Festival Internacional de Jazz, 2007, y que se presentó en el teatro Dick Smith del IGA, el jueves 15.
En efecto, el trío Imox, integrado por Víctor Arriaza al piano, Juan Carlos Batres a la batería y Alejandro Álvarez al bajo, subió al escenario para mostrar los logros obtenidos en casi tres años que lleva de vida. Para hacerlo escogieron piezas tan difíciles como emblemáticas, Jordu, Cantaloupe island, Groovin’ high, Tune up, Debbie’s waltz y luego originales como Victor’s jazz y Sweet bossa, escritas por Arriaza.
Arriaza y Álvarez han mostrado madurez, pese a sus cortas edades (25 y 21 años respectivamente), siendo sin embargo este último el más sorpresivo. Desde los 18 años, Álvarez ha encarado material diverso y moderno, y en este concierto mostró con aplomo y cierta ventaja, su inventiva y destreza en el bajo acústico.
Sin embargo, el trío en su totalidad no manifiesta a cabalidad su comprensión del lenguaje armónico y rítmico del bebop y hardbop, estilos que siempre demandan un pico de tenso frenesí, un swing tenaz y una pericia instrumental irreprochable. Por lo mismo, son muy pocos los que encaran los estilos. Imox está funcionando, pero tiene que amarrar mejor las ideas y consolidar una fuerza colectiva. Por cierto, en las composiciones originales se percibe más relax entre ellos.
El sábado 17 fue el turno para el trío del guitarrista Fran Molina. Con su guitarra Ibanez, sonido al que le adhiere un efecto trompetístico tipo Pat Metheny, y sus dos compañeros, el percusionista Daniel Parra y el bajista Alejandro Ollero, evocaron esa rítmica mediterránea alimentada por las castañuelas, las palmas, las expresiones vocales y zapateos de la bailaora Carmen Cervantes. Este fue un concierto de jazz mezclado con bulerías y flamenco, de ahí el atractivo de la fusión y sobre piezas emblemáticas como, Nardis, Beautiful love, All blues, Autumn leaves, el bolero Historia de un amor, y un remate especial con Mediterráneo (Serrat). Molina recuerda lo ya hecho por su compatriota, Ximo Tebar, solo que lo suyo está aún más ligado a las raíces. En cuanto a su ingenio en la improvisación no corre la misma suerte que su técnica, medianamente aceptable.
Con el temor que la guitarra empalagara por ser casi la única protagonista, el grupo procuró con tino la variedad y la concisión. Algo que se agradece.
Al festival le quedan ya cuatro conciertos, cerrando el jueves 29, el grupo mexicano Ethos jazz trio.
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