El héroe exclama: "me he vuelto comodamente insensible"
Carol Zardetto
Hace apenas unos años, Pink Floyd lanzaba su obra cuasi operática de rock denominada lacónicamente The wall (La Pared) que pronto habría de convertirse en clásica. No era para menos, aparte de su sublime valor musical, la obra expresa un mensaje poderoso sobre la vulnerabilidad del ser humano frente a lo implacable.
No puedo dejar de pensar en estos días en una de sus punzantes escenas donde el individuo avasallado por la impenetrable pared lanza un agónico lamento: “Is there anybody out there?” (“¿Habrá alguien allá afuera?”). El grito, inflamado de una poderosa necesidad humana que reclama reconocimiento, anhela derribar la pared, o, al menos, encontrar un rastro humano del otro lado, capaz de atravesarla.
Así inició esta semana, impregnada de la insipidez que ha tomado el asunto del asesinato de los parlamentarios salvadoreños que auguraba un terremoto salvador. Nada pasó. O más bien, pasó lo necesario para asegurarse de que todo siguiera igual. Cada jugador jugó su papel: el sistema penitenciario se alineó para permitir el asesinato de los acusados; el Ministerio Público cumplió con los errores “de ley”; los ocultamientos escabrosos estuvieron allí, también los trucos políticos, pero sobre todo la impasividad de las estructuras de poder, fuertemente acomodadas alrededor de sus anillos de privilegio, de su impunidad asegurada. Cada uno de los ladrillos de la pared en su sitio. Todo convenientemente amortiguado.
Este día nos amanece con la noticia de un voto de falta de confianza para el ministro Vielmann y capturas a varias personas. Ante los acontecimientos, dudamos. ¿Implicará ello la depuración a fondo del sistema? ¿Podremos permitirnos el lujo de soñar con una Policía a la cual no le tengamos terror? ¿Con un sistema de justicia que imparta justicia?
La duda final es si la CICIG pasará el examen de constitucionalidad o, si nos obligarán los puristas a presenciar cómo se rasgarán las vestiduras para hacer prevalecer el sublime orden institucional por sobre la necesidad humana de articular un sistema de poder legítimo a quien le podamos encomendar el mandato constitucional de “proteger a la persona y a la familia y la realización del bien común” (Artículo 1o. Constitución Política de Guatemala).
Mientras nos atormentan las preguntas sin respuesta, los ciudadanos guatemaltecos terminamos por dudar hasta de nuestra existencia y con razón, pues no puede existir el ciudadano, con sus garantías ciudadanas, con sus derechos ciudadanos, frente a un Estado que es una pared. Ninguna pared reconoce lo que tiene enfrente.
A mí me da por seguir el hilo de la música de Pink Floyd y concluir en su inmensa sabiduría: ante lo impenetrable de la estructura antihumana, el héroe exclama: “I have become comfortably numb” (“Me he vuelto cómodamente insensible”).
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2 comentarios:
Christian Mazariegos: (2007-03-25 07:40:45 horas)
Excelente comparación del mensaje de The Wall, muy buen reportaje. No cabe duda que todavía nuestro pueblo no entiende la realidad, adelante hermano y felicidades.
2 comentarios: