Actualidad: Edición DominicalEnclaves ocultos, el sosiego dentro del bullicioSon lugares que no aparecen en las guías turísticas y apenas se hallan en los mapas: tan ocultos resultan que ofrecen justamente desconectarlo de la rutina. Por: Enrique Naveda
Seguro que usted las conoce: esas fotografías de las revistas de viaje que plasman parajes insólitos; tan bellos, frondosos o serenos que uno puede pensar, por comparación, que no es posible que estén en este mismo país o en este mismo mundo. A menudo lo que ocurre es que dichos lugares están escondidos y permanecen semi-desconocidos. Cerca o lejos de la ciudad pero separados de ella por las barreras geográficas, la falta de publicidad o el desgano, es difícil acceder a estos retiros. En algún caso ni siquiera llegan hasta ellos las carreteras y es preciso tomar una lancha. En solo dos horas, esta incomodidad ya comienza a agradecerse. No disfrutará seguramente de soledad, pero evitará la algarabía. No habrá silencio, pero los ruidos, para su confort, no serán comprensibles: no las bocinas en el tráfico, no las palabras masticadas de los políticos en el televisor. Como una especie de limpieza auditiva.
La diferencia de Guatemala es que hay tantos que es imposible no conocer alguno. Roma está tan plagada de monumentos que un transeúnte no podrá evitar toparse con ellos. De igual manera, un visitante en Guatemala tendrá dificultades si pretende no dar con ninguno de estos lugares. Alrededor de algunos no hay rastro humano, en otros ya se han construido hoteles; todos ellos son enclaves ocultos. Por ejemplo, está Dennis Beach Hotel, que en su nombre aúna tres de sus rasgos característicos: hotel, playa y el nombre extranjero de su dueño Dennis, un canadiense que vino, vio y se quedó. Afuera de su nombre queda el lago de Izabal, las palmeras, los kayaks, las rústicas y cómodas habitaciones, las mojarras, la cercanía de Livingston, Río Dulce, Quiriguá.
En cambio, El Mirador, la inmensa ciudad maya descubierta en el norte, queda lejos. Para conocer parte de lo que ella ofrece es necesario caminar o montar en mula durante dos días, eludiendo ramas y pereza. Los viajes se organizan desde Flores o la comunidad Carmelita. En las Grutas de la Candelaria, en Alta Verapaz, se oye de fondo un colosal y atemorizador torrente de agua. Es el fluir de un riachuelo multiplicado por el eco de las cuevas, que se pueden transitar a pie o en pequeñas barcas. La laguna de Lachuá está cerca de allí. La llegada hasta ella supone adentrarse 4 mil metros en la selva. Hay hospedaje dentro del parque pero los servicios son muy básicos. ![]() También hay agua en el Salto de Chilascó, cerca de Salamá (Baja Verapaz). Dos horas de agradable caminata desplegarán ante usted la catarata más alta de Centroamérica, con sus cuatro caídas de 130 metros. Hace falta buena condición física. La comunidad brinda el servicio de guías locales. Por último, en la alta sierra de los Cuchumatanes, en medio de la nada se levanta uno de los refugios más cotizados. El Unicornio Azul, un animal que solo se encuentra en los libros, da nombre en el departamento de Huehuetenango a un lugar que casi ni aparece en los mapas. Ofrece cabalgatas de hasta nueve días.
Agregar comentario: |
Más en esta sección
Poll ID 0 does not exist.
Mas enviados
Los más leidosLos más comentados
|
1 comentarios: