Actualidad: Nacionales“No los matamos, pero son ya dos años en la cárcel”En el juicio contra Edgar Verbena y Oswaldo Ayala, se aceptó la declaración de un agente de la PNC hoy detenido y se obviaron informes técnicos. Por: Enrique Naveda
“Mi vida, periodista, está ahí en las manos de esos tres señores, y ellos no prestan atención. Uno juega con sus uñas, otro mira al techo y el último hojea descuidadamente unos papeles. Su obligación no es hacer justicia, yo me di cuenta. Es generar sentencias”, medita Edgar René Verbena. Se refiere a los miembros del Tribunal que lo juzgó: Edith Marilena Pérez Ordóñez, Myram Haydée Salvador Ruyán y Félix Eliseo García Arenas.
Tiene 25 años, y el 15 de noviembre de 2005 fue sentenciado a 30 años de prisión por doble asesinato, junto con Oswaldo Waldemar Ayala, de 24. Contra esa condena, contra un proceso grotescamente viciado, asegura, publicó el jueves 22 de marzo un campo pagado en la página 51 de Prensa Libre, después de dos años encarcelado. Tras vencerse el plazo para apelar en segunda instancia, Verbena presentó la casación hace tres meses y espera la resolución que habrá de conocer la Cámara Penal de la Corte Suprema de Justicia. La noche del 20 de enero de 2005 murieron dos hombres en el parqueo de la Fonda del Caimán, junto a la calzada Roosevelt. Se llamaban Anselmo Lux Herrera y Ceferino Aguaré Méndez. Fueron asesinados de cinco y seis disparos y, su muerte, en la sentencia, está narrada conforme a las técnicas de la literatura contemporánea: por un lado, muchos puntos de vista, muchos testigos; por otro, declaraciones incompatibles, peritajes extrañamente desechados, cadenas de custodia rotas. En el juicio hubo varias anomalías. Se consideraron válidos los testimonios de los tres policías que capturaron a Edgar Verbena, Oswaldo Ayala y Julio César Sandoval, pero solo parcialmente. Mientras los agentes acusaron a los tres jóvenes, el Tribunal condenó solo a los dos primeros sin dar mayores explicaciones sobre la absolución del tercero. Hasta días antes del juicio, Sandoval había mantenido que eran inocentes, pero en los últimos cambió su versión. Según la nueva, en aquella noche en la fonda, Lux y Aguaré se acercaron tres veces a Verbena para pedirle la hora. A este, la insistencia lo enojó tanto que tras un golpe y un intercambio de gestos con las cejas salió tras ellos a la calle. Sandoval trató de evitarlo, pero no pudo y se fue al baño. Cuando retornó, Lux y Aguaré estaban muertos. Los testigos citados por el Ministerio Público (MP) no recordaban ninguna discusión. El fiscal insistió en que talvez se debió al volumen de la música. Verbena asegura que los dos muertos ni siquiera entraron en el lugar. “Las fotografías de la investigación muestran las latas que estuvieron tomando en el parqueo. En la fonda solo venden en botella. Las latas las venden enfrente, en el Súper 24”. Esto no fue prueba. La enésima vez que se lo preguntó el fiscal, el guardián del establecimiento confirmó que Verbena fue quien disparó. Esto fue considerado prueba. Antes, se había disculpado media decena de veces porque la noche estaba tan oscura que él no pudo ni intuir el rostro del asesino. Esto no se consideró prueba. Tampoco se tuvo en cuenta la extrañeza de una fiscal del MP que no entendía cómo podía haber desaparecido la pistola si los agentes habían capturado a los jóvenes in fraganti, ni qué hacían estos husmeando en el carro de los detenidos; o la declaración de una funcionaria de la Defensoría Pública, quien dijo haberlo visto todo y negó que Verbena y Ayala fueran los asesinos. ¿Por qué se rechazó? Porque por su labor ella podía estar sesgada y además atravesaba ciertos problemas personales. El informe de absorción atómica también aclaró que ninguno de los acusados pudo haber disparado un arma. Ni la pistola que apareció ni la otra que, a decir de los defensores de Verbena y Ayala, tuvo que haber existido: seis balas estaban estriadas hacia la derecha y cinco a la izquierda. Esto no lo recoge la sentencia.
Agente de la PNC, entre rejas El jefe de la patrulla que capturó a los jóvenes hoy está encarcelado y espera juicio por asesinato. Jorge Macario Mazariegos cometía delitos desde hace casi 15 años. Según publicó “Prensa Libre” el pasado 26 de agosto, fue arrestado por extorsión en 1991 y desde entonces había pedido mordida, fue demandado por coacción, amenazas de muerte, detención ilegal, portación ilegal y robo de armas... Es conocido por su alias, “El Chocolatón”. Agregar comentario: |
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