Opinión:No a la discriminación de géneroEn Irán, el testimonio de una mujer vale la mitad del de un hombre. Por: Bernardo Kliksberg
Talvez la mejor manera de rendir homenaje al Día Internacional de la Mujer, recientemente celebrado, es preocuparse por la gran agenda pendiente. En 1979, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer. Fue un enorme avance, y ha habido progresos en muchas áreas. Sin embargo, las metas de la Convención están muy distantes de haberse cumplido, y la situación no da para triunfalismos.
Es lo que reflejan episodios recientes, como el arresto de 33 mujeres iraníes, hace 2 semanas, por iniciar una campaña para reclamar contra leyes discriminatorias. Según ellas, el testimonio de una mujer ante la justicia vale la mitad que el testimonio de un hombre. Si una mujer es asesinada, la compensación a su familia es la mitad de la que correspondería si la víctima fuera un hombre. Las mujeres no tienen derechos iguales en materia de divorcio, custodia y herencia. También indica los atrasos la reciente negativa inicial de altos niveles públicos de Japón de reconocer el hecho, históricamente demostrado, del rapto de 200 mil mujeres de China, Taiwán, Corea del Sur y Filipinas, entre otros países, para ser convertidas en esclavas sexuales del Ejército japonés durante la Segunda Guerra Mundial. Muchas de ellas quedaron sin posibilidades de tener niños y nunca pudieron conformar familias. Los progresos han sido muchos, pero falta un largo camino, según señalan los datos del riguroso informe de UNICEF 2007 sobre Mujer e Infancia. Persisten la discriminación en la educación, el trabajo, el hogar y la política. Por cada 100 niños que no reciben enseñanza primaria, hay 115 niñas que no van a la escuela. En el mundo en desarrollo, sólo el 43 por ciento de las niñas van a la escuela secundaria. Ello va a impactar severamente sus hogares. Los hijos de madres que no completaron la primaria tienen, por lo menos, dos veces más posibilidades de no completarla. Las relaciones en el interior de las familias están incididas por tendencias como el machismo y la violencia doméstica. Llevan, con otros factores, a excluir a las mujeres de decisiones clave. Nuevamente, los costos los pagan los niños. Según la UNICEF, si los hombres y las mujeres tuviesen la misma influencia en la toma de decisiones, habría 13.4 millones menos niños desnutridos en Asia meridional. El peso mayor de las mujeres en las decisiones se refleja en mejoras netas para los niños: aumentan sus tasas de supervivencia, se beneficia su situación alimentaria y su asistencia a la escuela. Los datos sobre América Latina dejan mucho que desear. La violencia doméstica va, según el país, de un 10 a un 36 por ciento, las mujeres adultas ganan menos del 69 por ciento que los hombres y el 43 por ciento de las mujeres no tienen ingresos propios frente al 22 por ciento de los hombres. Además, tienen menos acceso a la propiedad: en Brasil, el 11 por ciento de las tierras son propiedad de mujeres y el 87 por ciento de hombres; en Paraguay, la relación es de un 27 por ciento de propietarias frente a un 70 por ciento entre los hombres. Por otra parte, en América Latina es muy débil el equilibrio entre familia y trabajo, que hoy está en el centro de la agenda pública en países como España, que está poniendo en marcha políticas avanzadas al respecto; o de Noruega, líder mundial en desarrollo humano, que concede a las familias que dan a luz 18 meses de licencia posparto, a distribuirse entre los 2 cónyuges. En la región, la gran mayoría de las mujeres que trabajan tiempo completo tiene que compatibilizarlo con una fuerte dedicación al hogar y al cuidado de los hijos, sin apoyo alguno de las empresas. La distribución de tareas domésticas es, asimismo, marcadamente asimétrica. En México, las mujeres con empleo asalariado se ven obligadas a dedicar 33 horas semanales a tareas del hogar. Los hombres sólo aportan 6 horas. A las discriminaciones cotidianas, se suman cuadros extremos como los asesinatos continuos de mujeres en México (Ciudad Juárez) y otros países, con cuasi total impunidad, y el crecimiento del tráfico de personas, principalmente mujeres, que se estima mueve más de US$10 mil millones a nivel mundial. Una valerosa madre argentina, Susana Trimarco de Verón, acaba de ser distinguida como Mujer de Coraje, en EE.UU., por haber rescatado a 98 jóvenes, en los últimos 5 años, en su heroico periplo para recuperar a su hija, que cayó en manos de las bandas. Superar las discriminaciones de género es decisivo para abrir paso al potencial de la mujer, fortalecer la familia y mejorar fuertemente la situación de los niños. En pleno siglo XXI, no hay más pretextos para justificar los graves atrasos en este tema crucial. Agregar comentario: |
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