Opinión:EE.UU.: pierde las guerras y gana poderLa gran locomotora del planeta triunfa por la pujanza de su economía. Por: Carlos Alberto Montaner*
George Friedman, notable analista político, afirma que Estados Unidos perdió, o no ganó, la mayoría de los conflictos políticos y militares en las últimas décadas. El recuento es a propósito del desastre iraquí. En Corea, principios de los años cincuenta, costó miles de muertos alcanzar una tregua y volver al punto de partida. Tras la Crisis de los Misiles de 1962, la dictadura cubana consiguió consolidarse y Moscú colocó desde entonces un puñal en el cuello americano.
Desaparecida la URSS, Washington ya no tenía la voluntad de eliminar a un régimen con cuya incómoda presencia estaba acostumbrado a vivir. Vietnam terminó con la precipitada retirada de las tropas americanas y la absorción de Vietnam del Sur por el Vietnam comunista. En Irán fue imposible sostener al Sha y los ayatolas se instalaron decididos a liquidar a Israel y a Estados Unidos, el gran Satán occidental. ¿Cómo Estados Unidos es la única potencia del planeta si perdió casi todas las batallas emprendidas tras la Segunda Guerra? Una de las hipótesis que Friedman examina resulta convincente: porque la fortaleza de Estados Unidos no depende de su poderío militar, utilizado en todos esos episodios con muchas limitaciones, escasa convicción y, generalmente, en medio de una gran división de opiniones. Estados Unidos es la gran locomotora del planeta por su poder industrial, su creatividad, por la pujanza de su sistema económico y la fortaleza de sus instituciones. Lo que se ha impuesto es la General Motors y el Chase Manhattan Bank, no el Pentágono ni el Departamento de Estado. A las reflexiones de Friedman podrían agregarse ejemplos latinoamericanos. En 1898, Estados Unidos derrotó a España en una “guerrita espléndida”, según Roosevelt, y el país se apoderó de Puerto Rico y Filipinas, y Cuba fue un protectorado hasta que se abolió la Enmienda Platt en 1934. ¿Qué sucedió? Filipinas resistió ferozmente la ocupación norteamericana, saldada con seis mil americanos muertos e innumerables crímenes cometidos por el nuevo poder colonial, hasta otorgarle la independencia tras la Segunda Guerra. Puerto Rico, que rechazó en dos consultas electorales integrarse a Estados Unidos totalmente, ha conseguido eliminar de su territorio las bases militares norteamericanas y ser el mayor receptor de ayudas de la historia −US$17 mil millones el año pasado−, es una de las fuentes de emigración hispana hacia la metrópolis. Mientras Cuba se convirtió en su enemigo más tenaz en América Latina hasta la aparición de Hugo Chávez. ¿Ganó Estados Unidos la guerra de 1898? Esta historia se parece al resto de las inesperadas consecuencias provocadas por las aventuras militares norteamericanas en Centroamérica y el Caribe, probablemente porque resulta casi imposible imponer desde el exterior un tipo de comportamiento que no responde a las tradiciones, valores y creencias de la sociedad a la que se trata de conducir por el “buen camino”, como amargamente ocurre en Irak. ¿Hay excepciones a los fracasos norteamericanos en América Latina? Desde la perspectiva de Washington, sólo tres: el golpe contra Jacobo Árbenz organizado por la CIA en Guatemala en 1954, la invasión norteamericana a República Dominicana en 1965, y la de Granada en 1983. En esas tres acciones se evitó –o contuvo– el avance de los comunistas o sus simpatizantes, pero quizás la medida más sabia fue no ocupar esos territorios permanentemente, y no intentar reproducir en ellos las instituciones norteamericanas. Ese objetivo, simplemente, no es alcanzable. Es puro wishful thinking. * www.firmaspress.com Agregar comentario: |
Más en esta sección
Mas enviados
Los más leidosLos más comentados
|
15 comentarios: