Opinión:
Estos deben ser días difíciles en la Municipalidad. Lo digo porque los funcionarios de la alcaldía se inflaman de furia con cada información adversa en torno al hundimiento del barrio San Antonio. Y no es muy difícil adivinar la razón. Cualquiera puede imaginar al señor Arzú estrábico de rabia cada vez que a alguien se le ocurre atribuir responsabilidad a su administración por la tragedia que le cobró la vida a tres vecinos.
Da pena molestar más al alcalde, pero creo que en buena medida sí le cabe responsabilidad. No necesariamente por el agujero del barrio San Antonio, sino por el inmenso hoyo negro en que mantiene sumida a la Municipalidad. Ya van para 22 años de reinado suyo en la Alcaldía metropolitana y la ciudad aún carece del financiamiento esencial para cumplir con sus funciones. Un presupuesto anual de Q1,150 millones es muy modesto para una urbe de las dimensiones de Guatemala. No le regateo crédito cuando veo que con tan magros ingresos ha logrado en estos tres últimos años pavimentar muchos kilómetros de callejones, introducir miles de metros de drenajes y conectar a centenas de casas al servicio de agua potable. También le reconozco que haya puesto en marcha el primer ramal del Transmetro y se haya vuelto a ocupar de arriates y jardines en la ciudad. Todo eso le hace merecedor de pelear por la reelección. Pero es inexplicable que en sus largos años de poder (cuatro de ellos en la Presidencia de la República y con aplastante mayoría en el Legislativo) no haya considerado crucial dotarle de fuentes de ingreso sanos a la Municipalidad. Su insistencia en que debe ser el gobierno central el que le traslade fondos a la capital no sólo es necia, sino probadamente inviable. Además, ese criterio va en detrimento de las regiones menos prósperas del país. Sea por medio del IUSI (a los propietarios de la tierra en Guatemala les molesta pagar ese impuesto y el alcalde Arzú mantiene una ambivalente relación con ellos: dice no gobernar para sus intereses, pero se ha negado de plano a irritarlos con un reavalúo a sus propiedades); sea por medio de la derivación de una parte del Impuesto de Circulación de Vehículos o por una mezcla de opciones, la Municipalidad necesita financiarse. De otra manera ocurre lo del barrio San Antonio. Los vecinos alertan a las autoridades con meses de antelación sobre retumbos y pequeños sismos en el subsuelo y éstas se hacen las sordas. En el caso de la Municipalidad, supongo, porque carece de los fondos para encargar un estudio que explique las causas del fenómeno. Y así se produjo la tragedia que le costó la vida a tres personas y que mantiene muy molestos a los vecinos con la Municipalidad, pero también con el Insivumeh y con la Conred. Es de suponer que a los unionistas las críticas les hacen temer la pérdida de alguna porción de su caudal de votos en el año electoral, pero este asunto resulta, al final, irrelevante. Mucho se ha tenido que batallar para que el Ejecutivo declare con actitud remolona el estado de calamidad y el Congreso se digne otorgar unos centavos. Ya es hora que la Municipalidad metropolitana deje de mendigar cada vez que necesita fondos. La tarea principal del alcalde Arzú debería ser lograr entendidos políticos en la segunda vuelta electoral para conseguir su objetivo. Si consigue un preacuerdo legislativo, que le garantice a su mínima bancada en el Congreso apoyo para legislar en 2008 a favor del financiamiento de la ciudad, habrá logrado mucha mayor capacidad de gestión al municipio. Agregar comentario: |
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