La Unidad de Control de Medicamentos del Ministerio de Salud ordenó el inmediato retiro de diez medicinas del mercado por no cumplir con los requerimientos de calidad y de eficacia, extremo que hizo saber a los directores de hospitales y áreas de salud, así como al Instituto Guatemalteco de Seguridad Social.
Los diez productos cuyos registros sanitarios fueron cancelados pertenecen a la firma Rulpharma, S.A. –uno de los grandes proveedores del Estado–, habiéndose tomado la medida por razones de salud y de seguridad de los usuarios.
Lo actuado hasta ahora por las autoridades de la unidad no es definitivo y está sujeto a un proceso administrativo que habrá de producir una decisión final sobre el asunto.
En tanto eso ocurre, deben de acatarse todas las decisiones cautelares y los diez medicamentos deben dejar de administrarse y comercializarse, lo que afecta a todos los hospitales y centros de salud públicos y privados, y a todas las farmacias, sean de uno u otro sector.
En lo personal, estimo que esto reviste tal gravedad que debió de haberse hecho de conocimiento público, usando para el efecto todos los medios de comunicación social. Haber omitido esa necesaria publicidad de lo actuado podrá tener como consecuencia que cuando el andamiaje burocrático actúe, finalmente, sea tarde y que, para entonces, se hayan producido consecuencias lamentables.
La sentencia es lapidaria: Llegará la eficiencia burocrática después de la muerte…
Las medidas cautelares deben de ejecutarse inaudita parte, es decir, sin necesidad de notificar, oír y vencer previamente a aquel que será afectado –en el caso que nos ocupa– la entidad que fabrica y distribuye los productos.
En materia judicial, queda responsable de los efectos de una medida precautoria quien la pide, haciéndose responsable de los daños y perjuicios que pueda causar su ejecución. En el campo que nos ocupa, queda responsable de la medida precautoria quien la dicta y, con este, el propio Estado que es solidariamente responsable.
Puestos sobre la balanza los daños y perjuicios que pueda sufrir la empresa farmacéutica y la salud de un solo ser humano, debe de primar esta y, en consecuencia, resulta tibio el proceder gubernamental. Los usuarios tenemos derecho de que se nos informe a través de todos los medios de comunicación social sobre el retiro de los diez medicamentos. ¡Así de claro!
La salud ha sido otro de los puntos débiles de este gobierno, al extremo de que permanecieron cerradas por varios meses las consultas externas de los hospitales, ¿lo había olvidado ya? Algo no solo deplorable, en verdad, sino insólito y que vino a sumarse al desquiciamiento que ya imperaba para entonces en todo el sistema de salud.
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2 comentarios:
Dalila Perez: (2007-03-29 20:27:55 horas)
La verdad es que las acciones que últimamente está tomando el Departamento de Regulación y Control de Medicamentos y Productos Farmacéuticos y Afines son altamente cuestionables. Este departamento está siendo dirigido por una mujer que se encuentra abusando del derecho que le da su cargo público. Ha iniciado una casería de brujas contra la industria nacional, favoreciendo obviamente a la industria transnacional o bien a la de otros países. Los laboratorios que existen en Guatemala cumplen con las especificaciones que exige la ley en cuanto a medicamentos y los hacen accesibles porque son hechos en el país. La gente de nuestro país no tiene por qué pagar más por un producto cuya "marca" lo hace prácticamente inaccesible a la población mayoritaria de este país: los pobres. Igualmente ningún medio de comunicación se da a la tarea de investigar (claro que a sus propias costas) la calidad de un producto fabricado por las grandes transnacionales como Bayer, Aventis, Abbot, Roemmers, etc. que pueden estar enviando a los países como los nuestros, todo lo que en los suyos no pasa los controles de calidad. Ya ha habido más de un farmacéutico que ha descubiero esta anomalía, así como que nos usan de poblaciones de experimentación con fármacos que ni siquiera se atreven a usar con ellos mismos ¿Por qué tenemos que seguir permitiendo semejante atrocidad? ¿Por qué se tiene que atacar a la industria nacional de medicamentos? ¿Por qué seguimos permitiendo que las farmacias del PROAM y las del IGSS y las de otros hospitales se sigan llenando con mediciana traída de India? ¿Tenemos la seguridad de las normas de calidad que se cumplen en ese país y de que los laboratorios que las fabrican cumplen con Buenas Prácticas de Manufactura? ¿Quién lo comprueba? ¿Van las auotridades de Guatemala a hacer inspecciones a ese país o cualquier otro? Cuando la población no tenga con que curarse ni un dolor de cabeza, una infección simple o un dolor reumático leve, recuerden mis palabras, porque eso se lo deberán a la Jefe del Departamento de Regulación y Control de Productos Farmacéuticos y Afines, que no vela por la salud de los guatemaltecos, sino tiene la voluntad comprada por quien sabe que capital extranjero. Solo para que ustedes vean como es el asunto: cuando se realiza el registro de un producto, el laboratorio nacional pide una cantidad de muestras para analizar y otra cantidad de muestras del mismo producto que se quedan "por cualquier cosa" (necesidad de repetir un análisis, reclamo del dueño del registro, etc.); a estas segundas muestras se llama "contramuestra". Al aprobar las pruebas que se hagan a la muestra, se extiende un certificado de calidad para que pueda emitirse un número de registro sanitario. La contramuestra no se devuelve al laboratorio o droguería dueña del registro, simplemente se "tira a la basura". ¿Cuánto medicamento no habrá tirado el laboratorio nacional de salud, sin pensar que dichas contramuestras estaría mejor en un dispensario, en un centro de salud o en un hospital o en cualquier servicio de salud, donde hay tanta gente que no tiene dinero ni para comprar una tableta de actaminofen ¿O será que los medicamentos se trasladan a la farmacia particular de uno de los funcionarios públicos del Ministerio de Salud?
Un dato curioso más: Atina Onasis, la última heredera del gran Aristóteles Onasis a través de su madre, es también hija de uno de los herederos de una transnacional farmacéutica francesa (Laboratorios Roussel).
Jamas se deben anunciar medicamentos en dos la Televisión, cuando sanidad recomienda no medicarse particularmente, una de dos o no valen para nada y son un robo, e los muchos que hay en la industria del medicamento
gracias
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