Opinión:La crisis de seguridad: se produjo lo inevitableLa Ministra necesita conformar un equipo de técnicos capaces en tan delicada materia. Por: Fernando Andrade Díaz-Durán
El problema de la seguridad en Guatemala viene de lejos y es pertinente recordar que desde el principio de su gestión el Gobierno de Berger ha enfrentado una tarea difícil en este ámbito. Recordemos la salida prematura a escasos cinco meses del Gobierno de la Gana del comisionado presidencial para la Seguridad, general Otto Pérez Molina, y después la renuncia del ministro de Gobernación, Arturo Soto, dos meses después motivada por señalamientos que hicieran los medios de comunicación social sobre su gestión.
Se creyó, entonces, que había que llamar a una persona de carácter y decisión para que ocupara la cartera de Gobernación y así llegó Carlos Vielmann, con respaldo del sector empresarial. Igualmente, se consideró que el Director de la Policía Nacional debía ser una persona no solo de confianza del ministro, sino que igualmente fuera una personalidad definida que sumara valor y determinación. De allí, la llegada de Erwin Sperisen. Pero las buenas intenciones no son suficientes. A pesar de los logros en el campo de la transparencia y en la rendición de cuentas, el Ministerio de Gobernación continuaba siendo frágil en sus estructuras internas porque muchos de los oficiales intermedios de la Policía, ya estaban contaminados y porque el crimen organizado había logrado infiltrar a su gente y cooptar autoridades de la Policía a distinto nivel. Si bien se dieron operativos exitosos y de gran impacto contra el narcotráfico, la situación, en términos generales, no mejoró lo suficiente. A mediados de 2005, se empezaron a denunciar operativos de “limpieza social” por parte de fuerzas de seguridad o bien tolerada por las mismas. Cuál sería mi sorpresa cuando, encontrándome un fin de semana en Cerro de Oro, Atitlán, llegaron a dejarme un comunicado de un comité que recaudaba fondos entre los propietarios de chalés para operaciones de esa naturaleza. Me sorprendió que a plena luz del día entregaran un documento requiriendo dinero. Era evidente que el accionar de estos grupos tenía, de alguna manera, el respaldo de las autoridades locales. Me apersoné al Ministerio de Gobernación para solicitar que se investigara y cuál no sería mi sorpresa, cuando el alto funcionario que me recibió me dijo, “Fernando, no se puede hacer nada”. En Santiago Atitlán no hay destacamento policial desde los trágicos sucesos provocados por el destacamento militar durante el Gobierno de Cerezo y los elementos con los que se cuenta en San Lucas Tolimán, son mínimos e insuficientes. Salí del despacho preocupado porque eso confirmaba lo que yo temía. El año pasado los señalamientos aumentaron y se cuestionó mucho la responsabilidad que pudieran tener algunas fuerzas de seguridad. Diariamente se reportaban asesinatos de pandilleros, de mujeres y de delincuentes que, en algún momento, habían estado en prisión, pero que al salir libres por falta de pruebas, habían continuado con sus fechorías. El control poco a poco se fue de las manos de Gobernación y de la Policía hasta que se produjo el escándalo mayúsculo de los asesinatos de diputados y policías recientemente. ¿Y ahora qué va a pasar? Se ha anunciado el nombramiento de una nueva Ministra de Gobernación: Adela Camacho de Torrebiarte. Conozco de larga data a Luis Pedro y Adelita Torrebiarte. Me consta el espíritu cívico de ambos y sobre todo, del carácter de Adelita para afrontar situaciones difíciles y complicadas. La familia Torrebiarte fue víctima del crimen organizado y, por ello, Adelita se ha comprometido cívicamente a través de la entidad Madres Angustiadas de señalar y denunciar lo que está sucediendo en Guatemala en materia de seguridad y en exigir justicia y poner fin a la impunidad. El desafío es inmenso, pero si se cuenta con el respaldo y la voluntad política del Gobierno, se puede empezar a avanzar en este campo de la seguridad. Se necesitan reformas profundas en las estructuras de la Policía, y la depuración de los malos elementos así como de la capacitación de nuevos oficiales para poder profesionalizar a las fuerzas de seguridad. El apoyo internacional es indispensable en ese sentido. El nombramiento de Adela Torrebiarte es acertado, pero la Ministra necesita conformar un equipo de técnicos capaces y experimentados en tan delicada materia. Una golondrina no hace el verano, pero un buen equipo puede empezar a abrir brecha. Agregar comentario: |
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