laColumna: Lucha libreAlgunas cosas que aprenderTal vez algún día tendremos la humildad para entender lo que los pueblos indígenas del mundo han venido anunciando desde hace mucho tiempo atrás. Por: Lucía Escobar
Desde aquella famosa carta del jefe seattle piel roja al Presidente de Estados Unidos quién en 1854 reafirmó el valor sagrado de la tierra, de los ríos y de los valles para los indígenas. Y adivinó el destino del hombre blanco. Su apetito devorará la Tierra y dejará detrás solo un desierto.
Nuestro planeta ha dado 153 vueltas alrededor del Sol desde ese discurso que nos invitaba a tratar a los animales, las plantas y el agua como hermanos. Ahora las noticias empiezan a ser alarmantes; calentamiento global, sequías, huracanes, inundaciones, escasez de agua. Cualquier cosa que acontezca a la tierra acontecerá también a sus hijos. No hemos hecho mucho caso. La contaminación del aire, del agua, hasta auditiva, es alarmante en la mayoría de las ciudades. Y por otro lado, casi todas las reservas naturales de bosques, lagos y selvas existen gracias al cuidado de los pueblos indígenas que no han cambiando su relación de respeto con la naturaleza y lo que los rodea. De la Tercera Cumbre Continental de los Pueblos y Nacionalidades Indígenas de Abya Yala realizada en Tecpán se habló mucho de eso. A mí me quedaron las ceremonias que empezaban de noche y terminaban con el sol calentando sobre las cabezas, la sensación de ser parte de algo, que se mueve, que está vivo y que influye en su entorno. La Declaración de Iximché es el documento que dejó la Cumbre, lleno de palabras vacías y abstractas como ratificar, consolidar, afianzar y reafirmar. Le faltó la claridad del indio seattle: Mis palabras son como las estrellas –no se pueden detener. Pero la respuesta esta ahí. Agregar comentario: |
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