Opinión:
Varias columnas de opinión en las últimas semanas han llamado una vez más la atención hacia lo que se ha denominado Estado y sociedad “fallidos”. Generales, incompletas y aun ambiguas, tales evaluaciones señalan el fracaso del Estado y la sociedad guatemaltecos en cuanto tales, es decir, de sus instituciones, normativas y prácticas. Corrupción, ilegalidad, irrespeto al derecho ajeno, prepotencia, autoritarismo, irresponsabilidad, impunidad, indiferencia ante la miseria y la muerte –tales son las notas características de nuestra sociedad y nuestro Estado.
Algunos análisis imputan el fracaso a las elites política, económica, social o incluso la internacional. Los más “profundos” o “existenciales” enfatizan nuestras fallas ciudadanas personales y a la necesidad de un cambio radical de actitudes y cultura. Los diagnósticos resaltan el que algunos, pocos, muchos o todos los sectores nacionales que participamos o debiéramos participar en la vida pública hemos fallado: por miopes, hipermétropes o ciegos; por egoístas o ilusos; por indiferentes o interesados; por inconsistentes o hipócritas. Cada uno por separado y en su conjunto los análisis llevan razón. La problemática es tan amplia y multidimensional que es difícil no atinarle a algo. El punto, empero, no es simplemente llevar razón, sino dar con la clave para mover nuestro mundo y echarlo a andar hacia un cambio para mejor. Lo más probable es que, dada la complejidad de los males que nos aquejan, no sea solo una clave, como no ha sido solo una la falla. Pero tampoco son infinitas. El lugar común del “granito de arena” que cada quién debe aportar no aporta mucho; tampoco el de “sumar esfuerzos”. ¿Cuál granito, a qué esfuerzo? En efecto, es tiempo ya de “realmente” hacer algo, pero ¿qué, hacia dónde, con quiénes? A pesar de eslóganes de variada índole, no existen recetas genéricas ni fórmulas mágicas. Pero tal vez los eslóganes valgan por lo menos para reavivar el aliento mínimo vital de la esperanza. Ciertos eslóganes, como ciertas utopías y ciertos mitos. Por ejemplo, el mito de la caja de Pandora, del cual suele olvidársenos que se abre dos veces. A la primera es que sale la plaga, el vicio, la pobreza, la enfermedad, el crimen, la tristeza. Espantada, Pandora cierra la caja y deja adentro algo más… El mundo vive entonces una etapa de gran desolación hasta que vuelve a abrirla y sale, alentando nuevamente los espíritus, la esperanza. Agregar comentario: |
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