Opinión:
A cualquiera que cree que la justicia puede hacerse desde la clandestinidad le hace falta algo de conocimiento y criterio para poder ejercer un cargo público. La justicia tiene que ser deliberada, pública e imparcial. ¿Por qué? Porque casi nadie existe en un vacío social. Cuando se agrede a una persona esto afecta a esposos, hijos, hermanos, amigos, sobrinos, nietos. Una afrenta hacia un ser querido es motivo de conflicto. Si no se repara o perdona esta afrenta públicamente persistirán ánimos de venganza, impulsos de agresión; la agresión se difunde en círculos concéntricos, la violencia se vuelve cada vez menos enfocada y más descuidada.
Nuestro país es una tormenta de agresión irreflexiva, cuyos inicios son imposibles de precisar. ¿Existe alguien aquí a quien no le haya tocado? Este país se “independizó” sin “choque sangriento,” pero los choques sangrientos han sido más frecuentes que las constituciones. Los excesos de unos han sido respondidos por excesos igualmente atroces por otros en forma desenfrenada. Ha existido en nuestro pueblo un ciclo perpetuo de desagravio y represalia fuera de la ley. Puede argumentarse interferencia extranjera, pero a un pueblo íntegro, tolerante y valiente, ningún extranjero puede dividir. Los gobiernos en Guatemala han sido siempre herramientas para despojar y oprimir desde un bando u otro, sin excepción. No se ha querido implementar justicia imparcial porque podría ir en contra de los intereses de los gobernantes, o de aquellos que creen que ellos saben mejor cómo el pueblo se debe gobernar. Sin justicia imparcial abunda la agresión, que se reprime con más agresión, agresión que se intensifica hasta que esta se vuelve inmanejable. Solo haciendose deliberada, pública e imparcial, la justicia puede parar ese ciclo de violencia y agresión. Solo así pueden los seres queridos de alguien aceptar un castigo, una reparación, o por lo menos desistir en su fuerte impulso de justicia y venganza. Las acciones clandestinas, guerras subversivas, terroristas, ajusticiamientos, linchamientos y acuerdos gubernamentales que no toman a todas las partes afectadas en consideración son medidas contraproducentes, tal vez en algunos casos justificados, pero cuando no es una acción deliberada, pública e imparcialmente decidida, no se puede saber si se justifica, y la agresión crece de forma desmedida. Necesitamos todos entender esto. Necesitamos elegir gobernantes que entiendan muy bien esto y lo sepan aplicar. Agregar comentario: |
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