Opinión:
La verdad de las cosas es que las instituciones dependen de los seres humanos y vienen a tener así, según su dirigencia, épocas de luces y de sombras. Algunos momentos de esplendor y otros opacos.
El sector privado –concretamente el CACIF– ha tenido grandes dirigentes –Alberto Habbie, dirigente mártir, por ejemplo– y, con ellos, momentos en que, incluso, ha tocado el heroísmo, pero también otros momentos. La actual dirigencia de esta institución, amenaza con ponerla en uno de los peores, exponiéndola como la expone al entredicho. Gravísimo entredicho ante el pueblo de Guatemala y ante la comunidad internacional y que compromete, no solo a la institución, sino a todo el sector privado –necesaria consecuencia de inmiscuirla en asuntos políticos personales que no le corresponden. Una de las terribles sombras de sospecha que vienen pesando sobre las autoridades de Gobierno –y especialmente sobre aquellas que manejan la seguridad del Estado– es que hayan sido incapaces de lograr la captura de uno solo de los empresarios de los Bancos del Café y de Comercio. Las autoridades han sembrado sobre este tema tanta desconfianza que es más que razonable preguntarse si las órdenes de captura no se han ejecutado por simple ineficiencia o, lo que es más grave, e incluso lo más probable, por oscuro contubernio. Cuando los dirigentes del CACIF hicieron que esta institución se entrometiese en los quehaceres públicos y que pidiese la permanencia de las autoridades que han tenido en sus manos estos temas, hicieron aparecer al sector privado –incluida la cúpula empresarial– como que si estuviese interesado en que no se ejecuten tales órdenes. Con ello, además de atentar en contra del Estado de derecho –impedir la ejecución de las órdenes de captura constituye un atentado– pusieron literalmente a la institución que representan en contra de la población puesto que –para la mayoría de los guatemaltecos– resulta tanto o más grave que cualquier asalto “a los bancos” el asalto “de los bancos”, asalto perpetrado en contra de los cuentahabientes, de los depositantes y, muy especialmente, de los inversionistas que –a ciencia y paciencia del Estado– fueron engañados y despojados de sus bienes. Con ello han puesto en peligro, además, los éxitos obtenidos en materia de secuestros –lucha de 12 años que trasciende de las actuales autoridades de Gobierno y que nada tiene que ver con el fracaso habido en otras áreas– el narcotráfico, por ejemplo. La petición del CACIF avala el que las autoridades hayan perdido el control sobre sus propios “asesores” y sobre los mandos policiales, así como la absoluta ineficiencia habida en el combate de otro tipo de delitos, los delitos que afectan a los sectores más amplios de la población, a los sectores medios y populares, siendo estos como lo son, los sectores que se encuentran en un estado de mayor indefensión. ¿Quién por ellos? Pareciese ser que la dirigencia empresarial no ha llegado a comprender que se ha creado un Frankenstein y que este podrá volverse en contra de cualquiera… Es tal la soberbia que priva en el asunto que se ha llegado a perder todo entendimiento y no se comprende, así, que si el Estado hace del crimen su instrumento se hace tan criminal como los propios criminales. Que justificar un solo asesinato los justifica todos. Que alentar a los asesinos no es sino alimentar a los mismísimos cuervos que –tarde o temprano– nos sacarán los ojos. La soberbia de esta dirigencia es tal, que no admite su fracaso. La realidad se ha desbordado sobre lo que pudieran haber sido sus buenas intenciones y el caos prevalece en el Estado. Los dirigentes empresariales ven “avances” en el caso de los ciudadanos salvadoreños –con lo que se exhiben, además, como torpes e ilusos investigadores de segunda– ¡zapatero a tu zapato!– cuando el único camino de investigación que resulta razonable en este caso –ya lo dije y, la verdad de las cosas, me harté ya de decirlo– debe de empezarse por la cola: ¿Quiénes y por qué mataron a los presuntos asesinos cuando estos se encontraban ya en las propias manos del Estado? La respuesta a esta pregunta es la que resuelve los dos casos. La dirigencia empresarial, posiblemente sin darse cuenta, ha puesto a la máxima institución del sector –y a todo el sector privado– en el más penoso de los entredichos –un entredicho por demás innecesario que compromete incluso a la nueva Ministra que ha sido designada: o captura a los empresario de los Bancos del Café y de Comercio, o quedará –de inmediato– sin credibilidad alguna. Muchachones del CACIF, ¡despierten! Agregar comentario: |
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