En la antesala de la convocatoria a elecciones (I)
A la cabeza marcha Álvaro Colom, seguido por Pérez Molina y Giammattei.
Fernando Andrade Díaz-Durán
Después del compás de espera obligado por la Cuaresma y la Semana Santa, los partidos políticos han relanzado sus campañas electorales con la intensidad requerida puesto que faltan tan solo cinco meses para la realización de los comicios generales. Como hemos afirmado en anterior ocasión, el proceso electoral que arrancó prematuramente a mediados del año pasado debido a una serie de circunstancias especiales, ha sido en cierto sentido atípico. El Tribunal Supremo Electoral se vio imposibilitado de detener la precampaña, puesto que la Ley Electoral y de Partidos Políticos aún no se reforma a pesar del compromiso adquirido por el Congreso de la República en el primer año del Gobierno del presidente Berger cuando introdujo cambios importantes a la legislación electoral, pero no llegó a esbozar una reforma integral a la ley respectiva como se había consensuado entre los partidos políticos representados en el Congreso. Se dio, pues, una situación de hecho, en el que el TSE no contaba con los medios coercitivos para evitar que los partidos políticos con diferentes subterfugios forzaran ese proceso electoral innecesariamente prematuro. A estas alturas, a pocas semanas de la convocatoria formal, los partidos políticos se aprestan a celebrar sus asambleas generales para confirmar a los candidatos presidenciales y vicepresidenciales, así como para reestructurar sus cuadros dirigenciales y escoger a los diputados distritales y de listado nacional y a los candidatos para las corporaciones municipales. Las últimas encuestas dadas a conocer a la opinión pública por los medios de comunicación social apuntan a la consolidación de las posiciones de los distintos candidatos, tal como se evidenciaba a principios del año. A la cabeza se mantiene con amplio margen porcentual: Álvaro Colom seguido por Otto Pérez Molina y por Alejandro Giammattei. Aún está por verse la proyección política de Rigoberta Menchú con Encuentro por Guatemala pues, a la fecha, las mediciones electorales todavía no reflejan su potencial fuerza. De igual manera, la candidatura de Harold Caballeros (Viva) aún no apunta en las encuestas, a pesar de la sorprendente velocidad con la que obtuvo los más de 15 mil afiliados en tan solo tres meses. Se ha insistido en que hay un acuerdo en principio entre el unionismo y VIVA, que de concretarse, significaría el retiro de la candidatura presidencial de Fritz García-Gallont a cambio de encabezar el listado nacional de diputados en esas entidades políticas. La última palabra, por supuesto, la tiene Álvaro Arzú. Y los otros candidatos en muy lejanas posiciones, de acuerdo a las encuestas, pues no pasan del 1 o 2 por ciento.
Sin embargo, debemos recordar que en política cualquier cosa puede suceder. Hasta ahora, la campaña electoral ha sido “civilizada” y todavía no se han producido las descalificaciones personales y los señalamientos que desgraciadamente son connaturales a estos procesos. Basta recordar las campañas negras de las elecciones de 2003, cuando se produjo el masivo envío de correos electrónicos contendiendo injurias y calumnias de toda clase para afectar a determinados candidatos. Ojalá que esta vez no suceda en esa escala. Para estas elecciones, el sector privado no está graníticamente unido como lo estuvo en las anteriores; más bien prevalece el pragmatismo de siempre, y algunos de sus dirigentes más connotados se mueven al mismo tiempo en diferentes aguas.
La derecha tradicional se encuentra fraccionada y el desgaste político del actual Gobierno es un factor, quiérase o no, de debilitamiento de esos sectores. ¿Y el potencial político de la izquierda? Aún por verse y por materializarse, si es que finalmente logran superar sus profundas divisiones.
Este proceso electoral también se caracteriza por la desideologización, lo que, en última instancia, podría facilitar acuerdos políticos que puedan impulsar una agenda nacional.
Hasta el momento, la corriente latinoamericana del chavismo parece no estar presente en Guatemala, pero, sin duda alguna, es una fuerza subyacente que en cualquier momento puede surgir con fuerza e inclinar la balanza en cierto sentido o en otro. Guatemala necesita conocer los programas de Gobierno de los distintos partidos políticos y los equipos profesionales que acompañan a sus candidatos. Más allá de los símbolos partidarios, los spots televisivos y radiales, lo que el pueblo necesita es conocer propuestas concretas para tener más y mejores elementos de juicio para poder decidir su voto.
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