Todos somos platonistas o aristotélicos de nacimiento.
Rigoberto Juárez-Paz
A quienes no saben latín (yo solo sé unas frases) debo decirles que el título de esta columna significa “Soy amigo de Platón pero soy más amigo de la verdad”, una expresión atribuida a Aristóteles, su famoso discípulo. Aristóteles se pasó 20 años en la Academia de Platón, pero como era, además de terco, un discípulo genial, su propia obra es toda ella una crítica profunda a la filosofía de su maestro. Según es bien sabido, en política la filosofía platónica postula la subordinación de los más a los menos, es decir la subordinación de la plebe ignorante a los filósofos ilustrados. En otros aspectos de la filosofía, Platón postulaba la superioridad del conocimiento universal-abstracto sobre el particular-concreto.
Aristóteles, para expresarlo muy brevemente, puso la filosofía platónica de revés. No solo provee su filosofía el fundamento clásico de la democracia sino también las bases del conocimiento científico. Según el pensamiento aristotélico, lo particular-concreto tiene preeminencia sobre lo universal-abstracto. Lo particular-concreto es la fuente del conocimiento de lo universal-abstracto. Según se repetirá después, en oposición a la teoría platónica del conocimiento, Aristóteles hizo famosa la idea de que “nada hay en el intelecto que antes no haya pasado por los sentidos”. Siglos más tarde, otro genial pensador, solo que este era alemán. Leibnitz (1646-1716), replicó: es cierto, nada hay en el intelecto que antes no haya pasado por los sentidos, excepto el intelecto mismo. El intelecto deriva sus ideas de la experiencia, pero no habría experiencia si el intelecto no tuviera capacidades innatas, las cuales, por serlo, no se derivan de la experiencia. Pero nada más diré de estas cosas. Mucha sangre filosófica ha corrido a lo largo de los siglos. Todos somos platonistas o aristotélicos de nacimiento. Algunos nacemos prefiriendo lo universal-abstracto (platonistas), otros lo particular-concreto (aristotélicos).
Cuando el lunes 9 de este mes encontré, en la página 17 de este diario, el artículo “Ética y eficiencia en la comunicación: ¿se excluyen o se incluyen mutuamente?” y observé que su autor era mi colega y amigo Armando de la Torre, lo leí con mucho interés, en parte por provenir de su pluma y por el hecho de que la Ética, como disciplina filosófica, me ha interesado mucho desde mis ya lejanos años de estudiante universitario de filosofía. Además de ello, por un instante pensé con alegría que mi colega tal vez ya era un nuevo columnista de este querido diario, pese a que La columna de la UGAP, que enmarca su artículo, es perfectamente legible.
El interés que en mí despertó el artículo en referencia me hizo leerlo con mucho cuidado, como conviene leer la expresión del pensamiento sobre temas de tanta importancia como lo es que debemos ser veraces, que no debemos engañar al prójimo, ya sea en las relaciones ordinarias o cuando tratamos de vender algún producto.
Escribe de la Torre: “Alfonso Portillo dijo alguna vez que el político ‘es un vendedor de sueño’”. Falso. El político “debe” ser un “vendedor de soluciones, lo más justas y lo más factibles posibles”.
Pienso, en primer lugar, que Portillo, al igual que otros muchos, sí era un vendedor de sueños” pero aun cuando ello no hubiera sido así, la razón para pensarlo “no puede ser” que los políticos “deben” ser vendedores de soluciones. Una proposición descriptiva como “x es un vendedor de sueños” no la puede falsificar una proposición normativa como “el político debe ser un vendedor de soluciones”. La verdad o falsedad de la otra “el político debe ser un vendedor de soluciones. Las dos pueden ser ambas verdaderas o ambas falsas”. Esas proposiciones son lógicamente independientes la una de la otra.
Para expresarlo de otra manera: “La verdad o falsedad de las proposiciones acerca de lo que debe ser son independientes de la verdad o falsedad de las proposiciones acerca de lo que es”.
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3 comentarios:
Alejandro Berganza: (2007-04-13 18:18:47 horas)
Don Rigoberto, yo siempre leo lo que usted escribe con mucho gusto. "Platón es amigo, pero más amiga es la verdad" creo que sería la expresión, pero igualmente no estoy tan seguro. En cuanto a la observación que le hace a Don Armando, creo que es demasiado literalista. La idea que él da es clara y muy valiosa -es una como una pequeña fiesta de visión crítica intelectual legítima- que se echa a perder al exigir rigor filosófico al espacio limitado de las columnas periodísticas. El mensaje dado por Portillo que refutó el Sr. de la Torre fue: "Yo, como político, vendo sueños", lo que es falso, falsísimo de toda falsedad, para él y para todos los políticos. Porque un político recibe poder para realizar los sueños que vendió en su campaña, y no para vender más sueños mientras su gestión es una pesadilla espantosa. Yo quiero rescatar y pedir que se cuide el espíritu de lo dicho por Don Armando.
Bernardo Golon: (2007-04-13 13:27:42 horas)
Más allá de interpretaciones filosóficas, tener presente que los políticos que nos han gobernado desde 1986, TODOS, además de buenos "vendedores de sueños", han sido una "bola de pícaros", que se han amparado en la regla de "no rendición de cuentas" y en las paupérrimas condiciones de nuestras instituciones. Así las cosas, en Guatemala cada vez nos apropiamos más de aquella frase atribuida a un tristemente célebre exregente de la ciudad de México DF, quien dijo: "... un político pobre... es un pobre político!". Sobre la expresión aristotélica, prefiero la de Isaac Newton: "Amicus Plato — amicus Aristoteles — magis amica veritas."
PD. Dr. Juarez Paz: Buen artículo!
Manuel Valdez: (2007-04-13 11:45:29 horas)
Excelente nota, mis respetos a la valentia del Dr. Juarez-Paz ya que solo personas de su calibre podrian hacer comentarios acerca del articulo que refleja proposiciones escritas con el higado y sesgos politicos, en blanco y negro, sin ser despoltricados por los UFM Boys y los ciegos adoradores del Dr. De La Torre et al. Ciertamente la Verdad tiene que triunfar sobre la amistad, compadrazgos y alianzas oligarquicas
3 comentarios: