El artista Luis Díaz presentó diez pinturas y dos series de reproducciones en una exposición cuyo título, Neotrópico, es una referencia a lo más reciente de su trabajo.
Lucrecia Cofiño de Prera
Nuevos temas y una reelaboración de otros que, en parte, ha explorado con anterioridad.
Las dos piezas centrales son dos musas inspiradas en una valla publicitaria que diseñó Marco Augusto Quiroa en 2002, como ingeniosa propaganda de su campaña política como candidato a una curul en el Congreso de la República. En aquella ocasión, Quiroa presentó a una dama, clara referencia a las pinturas de las Majas del español Francisco de Goya y Lucientes (1746-1818).
Esta vez, Díaz, en ambas obras y las de mayor formato de la muestra, también aborda el tema de la figura humana femenina. Se trata de composiciones en las que juega con las líneas y los ángulos contra las formas curvas, generando una compleja geometría visual y contrastantes relaciones de color.
En la primera pieza, la mujer belleza y vida, espléndida y seductora protagonista, se recuesta enigmática y lánguida ocupando la totalidad del lienzo horizontal. Los cálidos tonos de la piel de su cuerpo, quieto y relajado, contrastan con el frío marco de un cielo azul profundo. Su cabello, distribuido con engañoso descuido alrededor del rostro, es lo único que parece agitarse con suave animación.
En otra área de la galería, vecina pero a la vuelta de una esquina, cuelga la segunda pieza, la pintura que presenta a la mujer destrucción, muerte: “…dicotomía que se impone en nuestra vida cotidiana”, explica el artista. En ella, hecha pedazos, convulsiona la protagonista, esta vez, rodeada del caos de la violencia. Envuelta en llamas, su piel aparece marcada por las huellas de las quemaduras, señales que se extienden hasta un cielo oscuro y tormentoso, hasta donde saltan las chispas.
De estas dos obras Díaz también preparó matrices en vidrio, de las cuales trabajó dos series de reproducciones con diferente técnica: grabografías y frotados.
Con respecto a las demás piezas, son pinturas de personajes, algunos recurrentes, que actúan como espectadores al observar y acompañar a las Neo-Musas guatemalensis: el quetzal y la quetzala, Kukulcán y un semoviente, un toro y una vaca, todos parecen formar parte de nuestra mítica Fauna guatema-lensis. A ellos se unen dos retratos en referencia a Roberto González Goyri y a Efraín Recinos.
En adición a las figuras humanas y animales, sobre un plinto alto, se puede ver la pequeña maqueta preparatoria de la escultura en la que Díaz trabajó durante el reciente Simposio Internacional de Escultura.
En cuanto al montaje, sobrio y, quizás, escaso.
Tanto la mujer-vida completa, y con su identidad íntegra como la mujer-muerte, y su cuerpo deconstruido en pedazos, son una invitación que gana la empatía del espectador. Luis Díaz nos sigue seduciendo para identificarnos con su búsqueda formal y temática.
0 comentarios: