Hugo Melgar, hijo de Hugo Rolando Melgar, me ha pedido que no vuelva a mencionar el nombre de su padre si no es para exigir que se castigue a los responsables de su muerte, y otro tanto habrían de exigirme los padres, las esposas, los hermanos y los hijos de todos aquellos que fueron asesinados a lo largo de los 36 años de conflicto.
Sé que no tengo derecho de abordar el tema y que la única voz que debiese de salir de mi garganta es ¡justicia! Es más, quisiera que se haga justicia y que todos aquellos que hayan atentado en contra de la vida fuesen castigados.
Sin embargo, me veo obligado a invocar lo que no me parece sino de elemental coherencia: o todos o ninguno.
Lo que no cabe es que unos delitos sean perseguidos y otros no. Lo que no cabe es que algunos crímenes como el de Frank Bruderer, el que se atribuye al actual vicepresidente Eduardo Stein –tal la voz popular en el asunto– o el del embajador de Estados Unidos de América, Gordon Mein, atribuido a Ismael Soto, diputado que es al Congreso de la República, queden sin castigo, en tanto que otros sean castigados…
O se persiguen todos o ninguno.
Lo que más daño nos está haciendo es esta incoherencia en que vivimos y sobre la cual sería poco menos que imposible que pudiésemos construir un Estado distinto.
Podríamos construir el nuevo Estado sobre la persecución y castigo de todos los responsables o podríamos construirlo sobre su perdón pero, lo que no podemos hacer, es construirlo sobre lo que sería la incongruencia de perdón y castigo, según nos convenga. Perdonados unos, castigados otros…
¿Por qué habría de castigarse el asesinato de Hugo Rolando Melgar si no se castiga el asesinato de David Guerra Guzmán?
No soy más que un abogado y mi formación es jurídica. Estoy forjado en el más riguroso silogismo.
Hoy por hoy existen leyes de amnistía que se encuentran vigentes, siendo una de estas la contenida en la Ley de Reconciliación Nacional que –pese a su pomposo nombre– no es ni más ni menos que una amnistía, instrumento que fuera pactado entre las partes y que surgiera como producto de los Acuerdos de Paz. No fui yo el legislador ni fui yo quien los pactara.
Esta, querámoslo o no, es la ley.
Otro tanto ocurre con los delitos de lesa humanidad, como lo es el genocidio. Estos obedecen a una tipificación rigurosa y los hechos –por graves que sean– si no encajan en ella, no lo tipifican.
Estimo de suma importancia, cara a construir una Guatemala distinta, que optemos por los caminos del castigo o del perdón y que, lo que jamás hemos hecho, asumamos la plena responsabilidad de uno u otro. Si la decisión es que no se persigan ni castiguen los delitos perpetrados, tiene que darse toda una reflexión nacional sobre lo que esto significa.
La falta de persecución y castigo no puede ser un equivalente a lo que sería un más que deleznable “aquí no pasó nada”, lo que no sería sino una bofetada más a los mártires, a sus padres, sus esposas, sus hermanos y sus hijos. Tendríamos que aprender a asimilar una decisión en tal sentido con todo el dolor y la terrible dosis de infamia que esta significa… Si –por el contrario– se opta por el otro camino, el del castigo, ¡recorrámoslo! Pero no nos quedemos a medias que esto carece de coherencia alguna y habría de condenarnos, irremediablemente, a que jamás podamos entendernos.
Hugo Rolando Melgar fue mi maestro y me examinó en mi examen general de incorporación, dándome uno de los votos que hizo de aquella incorporación –palabras suyas– por escrito, una de las más brillantes que se hayan dado en la tricentenaria carolingia. Le tuve cariño y especial respeto, como se los tuve a Mario López Larrave y a Mito Monzón Paz.
Sus asesinatos deben de castigarse como deben de castigarse los asesinatos de todos, independientemente de su filiación política o de la filiación de sus asesinos y, si no se castigan, debe de construirse sobre su martirio y el dolor inagotable de sus hijos la patria que pueda dar al menos un mínimo sentido a la tragedia. Que pueda reconfortarlos, al menos mínimamente, en su dolor. Lo que no cabe es la incoherencia, la tibieza, la falta de gratitud y la indiferencia en que vivimos. El asesinato de Hugo Rolando Melgar –todos los asesinatos– deben castigarse o sobre su martirologio, redimirnos.
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
Se prohíben mensajes que contengan:
Ataques personales, insultos, acusaciones o faltas de respeto
Mensajes incoherentes, sin objeto alguno o comerciales
Mensajes con spam, lenguaje sms o escrito todo en mayúsculas
Mensajes con contenido racista, sexista, o cualquiera que discrimine
Mensajes de contenido pornográfico
Piratería, o mensajes que permitan el uso ilícito de material con derechos de autor
Nos reservamos el derecho de editar o eliminar cualquier mensaje que no cumpla con las condiciones anteriores. Y de ser necesario bloquear a usuarios.
Al participar, acepta las reglas y el aviso legal.
6 comentarios:
Raul Ochoa: (2007-04-27 11:31:35 horas)
Es increible ver hasta donde llega la Ignorancia de muchos Guatemaltecos Hablan de la Fidel Castro pero no hablan de todos los asesinatos que se le inculpan a Rios Mont ahhh y no gasto mi tiempo hablando de Pinochet ( El tiempo lo dira todo )
Carlos GonzaleS: (2007-04-16 15:38:20 horas)
Que se castigue todos los genocidos incluyendo el que se cometio contra los ladinos por parte de las guerrillas marxistas de Fidel Castro. El EGP y otros terroristas tenian como estrategia el asesinato en publico de indefensos campesinos ladinos o indigenas (ladinos por sentencia)como forma de intimidacion y proselitismo. Asi como los marxistaS enganian con un mundo sin pobres, sin enfermos tambien enganian con un mundo solo e indigenas que es la justificacion para un genocidio. Lean http://shr.aaas.org/guatemala/ceh/mds/spanish/cap2/vol4/vida.html
Jorge Grandados: (2007-04-16 11:26:44 horas)
El Licenciado Valladares se está cultivando fuertes enemistades con este tipo de artículos en los que dice la verdad como es. Qué duro el artículo para hacernos pensar del tipo de sociedad que somos ante una tragedia como el conflicto armado. La verdad duele, pero también la verdad hace libre.
Julio Monroy: (2007-04-16 09:18:27 horas)
Desde México, un cordial saludo al doctor Acisclo Valladares Molina por este artículo que ilustra muy bien acerca de los dobles estándares que surjen de un choque; especialmente tan cruel como el guatemalteco.
Patricia Osorio: (2007-04-16 09:16:49 horas)
Muy bien dicho. Esto lo deberian de oir todas las organizaciones de derechos humanos que exigen castigos a genocidas de un lado pero no a genocidas del otro lado. Que llamaban a Pinohet dictadura y no dicen esta boca es mia para hablar de lo que pasa en Cuba, en la dictadura de Fidel Castro. Todos, asi debe ser.
Juan Gutierrez: (2007-04-16 09:14:22 horas)
Totalmente de acuerdo con el autor. No puede juzgarse en forma diferente delitos iguales solo porque los autores son de uno u otro bando. Mi más sentido pésame a los familiares de TODAS las víctimas del conflicto armado.
6 comentarios: