Opinión:
Muchos guatemaltecos estamos hartos, señor Fiscal. Estamos cansados de tributar a un Estado que sirve bien a quienes más poder tienen en este país y en cambio, desprecia y ningunea a quienes necesitan de él para hacer valer sus derechos mínimos. Del cumplimiento del orden jurídico nacional depende en buena medida que existan o se nieguen las oportunidades básicas a cualquier ciudadano para desarrollarse y crecer sin coerción ni privilegios. Lo contrario es hacerle el juego a ese sistema que desde la época de la colonia decreta falsamente una cosa mientras maniata a la mayoría en beneficio de unos pocos. Abandone esa gestión complaciente con el orden de las cosas.
En buena hora ha instruido el Ministerio Público un proceso penal en contra de quienes son sospechosos de intentar apropiarse del dinero de 172 familias campesinas de Escuintla. La mayoría queremos que sean llevados ante tribunal y, mediante el debido proceso, se dirima responsabilidades al sindicalista Nery Barrios, al facineroso señor Cachupe y al abogado que, cobrando una millonada, ha contribuido a esquilmar a guatemaltecos muy modestos. Pero, ¿se percata de lo contrastante que resulta la acción del Ministerio Público que usted dirige en este y muchísimos otros casos? A que no se atreve a difundir la lista de las otras denuncias de lavado de dinero que la Fiscalía ha pedido sobreseer. ¿Por qué se ha contentado el Ministerio Público con la negligente actuación de la Policía en la captura de los directivos del Banco del Café y del Banco del Comercio? ¿Por qué no hubo acción pública en contra de las muy sospechosas ejecuciones de criminales y de las torturas y de las amenazas presuntamente realizadas por la fuerza pública? ¿Por qué son incapaces los fiscales de hallar evidencia alguna en los crímenes de Pavón y en los de miles y miles de personas sin fortuna? ¿Por qué no ha exigido a voz en cuello que se financie al Instituto Nacional de Ciencias Forenses? Usted es el Fiscal General de la República y no el Fiscal Particular de Óscar Berger y sus felices financistas. En la república estamos representados todos. Actúe en consecuencia, señor Fiscal, y empiece por exigir el cumplimiento de la ley con todo el rigor que el caos jurídico del país amerita. Deje claro que no va a consentir el desacato de la Policía Nacional Civil a las órdenes de los fiscales cuando de investigar un caso penal se trata y mande preso a quien sea necesario para lograr que obedezcan sus órdenes. Después de la primera captura, veremos si el MP sigue haciéndole los mandados al Ministerio de Gobernación. Demande a los jueces que por veleidad o parapetados en meros formalismos se someten a los delincuentes. A ver durante cuánto tiempo se pueden hacer los sordos los supremos magistrados. Y exija a sus fiscales que actúen con pundonor. ¿Sancionó a quienes permitieron que un tribunal dictara libertad para los pandilleros acusados de asesinar a una familia entera? ¿Por qué no ha hecho pública esa sanción, para que los fiscales comprendan que se les exige hacer bien su trabajo? Abandone esa actitud de sabrosa displicencia frente a las injusticias notorias y las iniquidades del sistema. Complaciente impunidad para los evasores y en cambio persecución para los contrabandistas que compiten contra los amigos del régimen. Atrévase a exigir al poder político –exigir digo, no mendigar– los fondos necesarios para hacer cumplir la ley. Déjese de contemplaciones, señor Fiscal, y ocúpese de que la ley se respete, por igual para todos. Agregar comentario: |
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