Francia va a las urnas este domingo para elegir Presidente.
Antonio Pallares*
Uno de los estrategas más brillantes de Francia, Ministro del Interior de Jacques Chirac, es hoy virtual Presidente de Francia. Su camino ha sido duro. Sostuvo al Gobierno en uno de sus períodos más difíciles, los disturbios que azotaron Francia cuando jóvenes hampones incendiaron mil automóviles diarios y atacaban universidades y a policías. Envalentonados por la tradicional timidez de las fuerzas públicas que ellos interpretaban como incapacidad y parálisis, Sarkozy logró dominar la situación sin usar fuerza excesiva, reafirmando su figura de un hombre de carácter y habilidad. No hay que olvidar que, para ser postulado en su partido, tuvo que vencer a personalidades como el primer ministro, el señor de Villepin, hombre carismático, de gran inteligencia y cultura y muy cercano de Jacques Chirac.
Estas elecciones, y por eso creo que las ganará Nicolas Sarkozy, son una batalla de personalidades. Los programas, atados a la ley de la corrección política, dictadura inventada en Francia y practicada hoy en el mundo entero y exportada por Marcuse a las universidades americanas y otros portadores del virus, como el mismísimo Jean Paul Sartre, ya no son tan diferentes. Va con rumbo seguro a la Presidencia de Francia; este descendiente de inmigrantes húngaros será favorecido paradójicamente por el voto de los simpatizantes de Le Pen, en segunda vuelta, aún si Le Pen diera sus órdenes en contra. Esta paradoja tenía que darse en Francia.
El crónico discurso paternalista, maternalista en este caso, socialista de Ségolène Royal, demasiado diluido en una versión light para no enajenarse a los votantes que dudan. Se impuso, en el partido socialista, un poco por seguir la moda feminista, pero Ségolène Royal está muy lejos de ser Hillary Clinton o la presidenta Bachelet; y para ocupar esa candidatura tuvo que desplazar a los hombres más importantes y mejores candidatos del partido socialista. Increíblemente el candidato no es Strauss Kahn o Laurent Fabius, ni siquiera Jacques Lang o Delanoë.
El sorprendente ascenso de Francois Bayrou es muy meritorio, pero no deja de ser una excrescencia de la misma coalición que debió haber apoyado a Sarkozy incondicionalmente para garantizarse una victoria de la derecha moderada. Pero esa tenacidad de Bayrou no puede dejar de admirarse; es la que le permitió vencer la tartamudez que le hacía imposible una carrera política. Tal vez en el futuro tenga más sentido su candidatura, y no tenga el mismo programa que Sarkozy y otras fuentes de votantes que no sean las de Sarkozy.
Se dice que hay 18 millones de votantes indecisos, no lo creo. Los sondeos políticos en Francia, entre los mejores del mundo, se chocan con una zona nebulosa indetectable, que es la falta absoluta de franqueza del francés ante quienes recogen las opiniones, que con todo derecho muchos ciudadanos se reservan. Nadie tiene por qué anunciar que simpatiza con Le Pen, y ser señalado como extremista; de hecho, esa nebulosa se llama Le Pen, y por esa ley no escrita de dictadura del políticamente correcto, en Francia no hay nada menos correcto que votar por Le Pen. La prueba es el colapso de todas las mediciones de opinión en 2002, cuando los sondajes daban a Chirac y a Jospin llegando en primer y en segundo lugar, y les pasó entre las piernas Jean Marie Le Pen con un 20 por ciento del voto francés. Los socialistas dieron una lección de entereza y resignación y en la segunda vuelta; el presidente Chirac llegó con un 82 por ciento del voto anti Le Pen de los socialistas sumado al fuerte voto de Jacques Chirac. Lo que ningún francés puede explicar es cómo un político que tiene a próximamente un 20 por ciento del electorado, no tiene un solo diputado. Este veto democrático, es decir, que emiten sus enemigos políticos, es lo menos democrático y lo más paradójico que le puede ocurrir a un político.
Yo recuerdo a “Sarko” con admiración y simpatía por su talento y franqueza; confieso que el átomo de Francia que hay en mí, que es la Legión de Honor, se regocija por la cercanía de una gran lección de política, la de Sarkozy, electo presidente en la segunda vuelta. *Antonio Pallares, embajador de carrera, embajador dos veces en Francia.
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2 comentarios:
José A. Recinos: (2007-04-21 20:58:25 horas)
Si te gusta Sarkozy: sacále raza.
Josefina Bérard: (2007-04-21 07:41:14 horas)
Excelente anâlisis del panomama polîtico en mi "Dulce Francia". Ojalâ que tenga usted razôn y que el 22 de abril el sol brille para Monsieur Nicolas Sarkozy.
Cordialmente. J. Bérard
2 comentarios: