Fueron pasando los días y lo de Pavón se fue quedando en el recuerdo, como un hecho aislado. La decisión de poner orden pareció haberse agotado en esa acción y, con ello, la posibilidad de una convivencia más segura, al menos, en lo que quedaba de Gobierno.
A Pavón debieron de seguir los restantes centros penales y los de detención preventiva y a estos, una a una, las diferentes zonas conflictivas de toda la república, empezando por la mismísima zona uno, el puritito centro. Varios meses después, sin embargo, se seguía en lo mismo. Pasaron dos, tres… y, a estas alturas, han pasado seis.
Casi a los tres años de Gobierno se presentó como un logro también extraordinario –esto es increíble pero cierto– que se hayan logrado cerrar –haciéndose uso para ello de todo un operativo de fuerzas combinadas, Ejército incluido y el entonces Ministro de Gobernación al frente– dos o tres prostíbulos… Perdón, también un bar y un par de discotecas. Faltaron en la acción dos o tres “narcotraficantes” muertos para que todo tuviera más carácter… ¡Pavón lo tuvo!
Todo esto nos obligaba a preguntarnos Y, entonces, ¿cuál habría de ser la próxima?¿Cuál sería la próxima acción “espectacular” que se estaría preparando? Todos conocemos aquella frase popular: “Lo que se hace con la derecha, lo deshace con la izquierda”… Y esto fue exactamente lo que le vino a pasar al Gobierno por no poner más cuidado en las acciones realizadas. Lo logrado en Pavón, lo deshizo el siguiente operativo. Lo hecho después, le quitó carácter a lo actuado entonces… Nada “espectacular” queríamos salvo que fuese espectacular en sí mismo y no por simple manipulación mediática.
El alcalde Giugliani puso orden en la ciudad de Nueva York y lo hizo sin aspaviento alguno. No tuvo que acudir a acciones “espectaculares” para hacerlo. Bastó solamente con hacer cumplir la ley y sancionar su incumplimiento y, muy especialmente, esto no es fácil de entenderlo, sobre las pequeñas infracciones puesto que, si no se es capaz de poner orden en estas, entonces ¿en cuáles? Si infiel en lo poco, ¿qué fidelidad podría esperarse en lo demás?
El problema de seguridad del Estado no se soluciona a lo Rambo. No se trata de un tema que puedan solucionar los policías y, menos aún, las caricaturas policiales. Tal y como “la guerra es un tema demasiado serio como para dejarlo en manos de los militares”, lo es también la seguridad del Estado como para dejarla en manos de los policías.
A pesar de todo, Pavón –versión oficial– siguió mereciendo nuestro respaldo, no así el desafortunado operativo de lo bares. Tampoco la inacción posterior en que vino a sumergirse el Estado. Múltiples sombras vinieron, sin embargo, a oscurecer aquel operativo y si fuese cierto que los reos fueron selectivamente asesinados, de igual forma que aquel operativo –versión oficial– mereció nuestro pleno respaldo, merecería la realidad nuestro repudio. ¿Si se asesinó a los reos en Pavón por qué habría de extrañarnos que se haya asesinado a los diputados salvadoreños y que, en plena cárcel de El Boquerón a sus presuntos asesinos? ¿Cuál es la diferencia?
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