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Guatemala, domingo 22 de abril de 2007

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Opinión:

Bendigo la educación recibida

Jacobo Árbenz Guzmán torturó a mi padre. Lo hizo con crueldad.

Acisclo Valladares Molina

Fuente menor Fuente normal Fuente grande
Se trataba este de un hombre de salud precaria, recién operado tres veces por el doctor Rodolfo Herrera, cuando fue sometido a golpes eléctricos y a la terrible tortura de la pila. Hubo de sufrir repetidas veces el simulacro del fusilamiento en la ruta de Guatemala a Salamá, en aquel entonces una ruta de intrincada topografía y de presagios tenebrosos, 12 horas de camino, San Juan Sacatepéquez, Rabinal… Sin embargo, en mi casa, nunca se nos inculcó el odio y, antes bien, lo que se nos enseñó y aprendimos fue todo lo contrario: el amor.

Víctima como lo había sido de los sicarios de aquel régimen, mi padre, el licenciado Luis Valladares y Aycinena, supo ajustarse a la ley cuando fue posteriormente Presidente de la Corte Suprema de Justicia –las cosas cambian– y muchísimos guatemaltecos, incluidos declarados comunistas, Carlos Solórzano, por ejemplo, pudieron regresar a Guatemala bajo el amparo de la ley, amparados por aquel que había sufrido las torturas.

Nos dio pena la vejación sufrida por Jacobo Árbenz Guzmán puesto en calzoncillos en el aeropuerto antes de salir al exilio, pese a que este no tuvo miramiento alguno en colocar a mi padre, totalmente desnudo, ante sus gubernamentales esbirros. Estos, en su caso, se tomaron el cuidado de evitar las señales que pudiesen dejar las torturas, miramiento que no tuvieron con tantísimos otros presos y, así, en Junta de Gabinete, pudo el presidente Árbenz presentar las fotografías de mi padre, totalmente desnudo, como “prueba” de que no se le había torturado –la pila y los golpes eléctricos no dejan seña alguna–. El canciller Guillermo Toriello lo interrumpió de tajo: “ ¡Suficiente escarnio, Jacobo, el de las propias fotografías! Pretendiendo estás encubrir lo ocurrido”, añadió: “¡Lo dicen todo”!

A pesar de los execrables crímenes perpetrados por el gobierno arbencista, a pesar de la masacre de Santa María Cauqué, de las torturas y asesinatos de Cosme Viscovich, del cadete Villacorta, de Álvaro Rivera –unos niños estos– de Juan Cajón Chúa y de tantos otros, no tuvimos alegría alguna ante las noticias del trato denigrante que recibiera el coronel Árbenz en los distintos países en que hubo de exilarse y, lo más doloroso, de sus propios aliados.

Ninguna alegría, sino pena, cuando el suicidio de su hija. Tampoco alegría alguna por su muerte ocurrida en tan terribles circunstancias, quemado por agua hirviendo en la bañera de un hotel, absolutamente solo; abandonado.

Terrible muerte para aquel que fuera el Presidente de los guatemaltecos y, como tal, representante de la Unidad Nacional.

En mi calidad de Procurador General de la Nación tuve a mi cargo en 1994, la conmemoración del cincuentenario de la Revolución de Octubre y, de la mano de Marco Antonio Villamar Contreras, a quien llamé para asistirme, dimos a cada cual el justo lugar que le correspondía, sin distingo alguno y, así, al Coronel Jacobo Árbenz Guzmán, quien torturó a mi padre –el perdón no implica olvido–. Aquel que torturó y asesinó a tantas personas para nosotros tan queridas, tuvo en aquella conmemoración el lugar que le correspondía como protagonista que fue del proceso revolucionario y de su expresión en la Junta de Gobierno y, así también, estos físicamente: Eduardo Castillo Arriola y José Manuel Fortuny. También lo tuvieron los Sandoval Alarcón, Mario y Armando, y cuantos gestaron la Revolución de Octubre, qué bueno es recordar el amplísimo espectro de ese movimiento.

Toriello, Árbenz y Francisco Arana escribieron una de las páginas en verdad gloriosas de nuestra historia; 147 días en que ejercitaron el poder con extraordinaria visión, encendido apremio y, sin embargo, reflexiva prudencia; 147 días que podemos recordar, incluso hoy, más de medio siglo después, con la mayor admiración y el máximo respeto.

En nuestra casa se nos enseñó a respetar a todas las personas, incluido el adversario, y también se nos enseñó algo que resulta fundamental y que lamentablemente es difícil que se aprecie: que en todos los grupos políticos existen hombres justos pero también malvados. Comunistas corruptos y asesinos, anticomunistas asesinos y corruptos. Gente correcta y también incorrecta, en todas las facciones...

Traída al momento actual, aquella vieja enseñanza conserva absoluta actualidad, y vemos cómo, bajo el sofisticado ropaje de la honradez, honradez simplemente cacareada, se encuentran los más “ilustres” –el pisto pareciera comprarlo todo– asesinos y ladrones.

Jacobo Árbenz torturó a mi padre. Tuvo este, sin embargo, la dicha de perdonar, y supo inculcarnos sentimientos y valores de tal envergadura que hicieron que, entre nosotros, el amor prevaleciese sobre el odio.

No. La verdad de las cosas es que yo no podría escupir sobre esa tumba, o sobre tumba alguna. Cuando el 20 de octubre, en el cincuentenario de la Revolución de Octubre, hablé por teléfono con doña María Vilanova, esposa del torturador, hablamos de cuanto lo enalteció en su vida y no de sus sombras.

Escuché hace unos días al pastor Cash Luna y me impresionó su alocución: Ese dar gracias a Dios, Nuestro Señor Jesucristo, por todo cuanto somos y tenemos. Algo tan sencillo y que pareciera tan obvio y necesario pero que, sin embargo, olvidamos y tan raramente hacemos… Darle gracias a Dios, todos los días, por todas y cada una de las cosas que tenemos, por lo que somos.

Gracias, Dios mío. Gracias por los padres que me diste y por la educación recibida. Gracias, especialísimas gracias, por el milagro maravilloso de la vida. La de mi padre, hombre justo que supo inculcarnos siempre, y hasta su muerte, el valor de la justicia y que nos diera, con su ejemplo, el testimonio personal de su perdón y por la vida de mi madre que, a sus 97 años, sigue siendo el motor de cuanto somos…

¡Gracias por la educación que supieron inculcarnos y que nos hizo respetar a los vencidos! ¡Qué mejor momento que este, entonces, para una oración por aquel que nos hiciera tanto daño: el pobre Jacobo!
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7 comentarios:

  1. Minoldo Gramajo: (2009-01-09 13:23:47 horas)
    Señor Valladares: Creo que el que queda mal parado es usted, pues quiere disfrazar su odio hacia ARBENZ de verborrea de perdón y lo que dice que le hiceron a su señor padre (por algo sería) de fotografiarlo es lo que usted hace con la memoria del expresidente ARBENZ. A veces es mejor quedarse callado.
  2. yuli quero : (2007-07-02 10:32:57 horas)
    me encanto haber leio esta pagina
  3. Armando Rodriguez: (2007-04-22 12:04:40 horas)
    Excelente motivacion para aprender a perdonar. Perdonense los unos a los otros...
  4. raul osegueda: (2007-04-22 11:24:05 horas)
    Sr. Valladares mi respeto y admiracion por ese articulo tan centrado
  5. José A. Recinos: (2007-04-22 11:15:40 horas)
    Este artículo parece el discurso de Antonio (de Shakespeare), donde a cada rato decía las peores bajezas de Bruto para luego contrastarlas con la frase "sin embargo Bruto es un hombre honorable". En otras palabras, Ascisclo denigra y se burla de Arbenz, para luego decir cosas positivas y que lo perdonó por las torturas a su amado padre. Sus palabras delatan que él y su familia odia la memoria del presidente-coyón con odio del peor. O de repente que tal vez sí lo perdonó, al recordar cómo el gobierno que sucedió al de Arbenz, donde en dicho gobierno sucesor la familia del torturado fué muy apreciada, multiplicó por un millón sus excesos y crueldades a los opositores por medio de angelitos como Rosendo, Ranulfo, Santos, Bernabé o Huevo Loco (todos después ajusticiados por las hermandades comanches).
  6. Chepe Pirrir: (2007-04-22 09:32:57 horas)
    El daño -terrenal- que pretendió causar Jacobo a los de la clase del columnista, era el sueño -aún vigente en muchos ciudadanos- de un verdadero país, incluyente y justo. Pobres los imbéciles que creen "haber ganado la guerra". Viva Arbenz!
  7. Marjorie Koplowitz: (2007-04-22 04:53:14 horas)
    Hermoso honor que rinde a sus padres. Felicitaciones.
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