Opinión:
Arbenz propuso a lo largo de su campaña cuatro puntos de gobierno: la carretera al Atlántico, el puerto Santo Tomás de Castilla –bautizado con este nombre por el general Miguel Ydígoras Fuentes–, la hidroeléctrica Jurún Marinalá y la reforma agraria. La trascendencia de estos cuatro puntos fue tal, que fueron tomados como auténticas políticas de Estado por los gobiernos sucesivos, incluida la propia reforma agraria, aunque con una concepción distinta. Más de 50 años después, vuelve a surgir un planteamiento similar con Álvaro Colom.
La formulación de los cuatro ejes de gobierno es igualmente sencilla: seguridad ciudadana, Estado de Derecho, desarrollo económico y desarrollo social. Tales son los ejes estratégicos que determinan las futuras acciones del gobierno y que se formulan de tal forma que puedan convertirse, como aquellos, en auténticas políticas de Estado, capaces de trascender al gobierno que se instale. Los cuatro puntos de Arbenz eran tácticos, teniendo como fin inmediato de ello, romper los monopolios y hacer posible la competencia que habría de conducir al desarrollo. Los cuatro ejes de Colom, por el contrario, resultan estratégicos. La carretera al Atlántico estaba llamada a romper con el monopolio que ejercía el ferrocarril – única opción comercial en esa ruta hacia el puerto Santo Tomás de Castilla, en ese entonces el único puerto en el Atlántico – y el puerto, ambos propiedad de una compañía americana. Jurún Marinalá – por su parte – estaba llamado a romper el monopolio de la generación eléctrica, también en manos americanas. La reforma agraria perseguía la democratización del uso de la tierra. Los ejes estratégicos de Colom persiguen, en su formulación de “seguridad ciudadana” que lo primero sea lo primero ya que, al final de cuentas, si no hay seguridad, lo demás sale sobrando. En cuanto a “Estado de Derecho”, que se alcance la “seguridad jurídica” para que puedan producirse inversiones nacionales y extranjeras en Guatemala, necesarias éstas para hacer posible el desarrollo. En cuanto al “desarrollo económico”, que se produzcan los estándares de crecimiento por encima del aumento de la población y pueda abortarse la brecha que separa a unos grupos de otros, y agiganta la pobreza, de manera que pueda revertirse. En cuanto al “desarrollo social”, el mejoramiento de las condiciones de vida del ser humano, lo que no puede medirse tan sólo en términos económicos, siendo ésta, la de desarrollo social, la formulación que encierra la concepción misma de toda la propuesta de gobierno: es el ser humano lo que importa. Lo único que importa. La improvisación no es una buena consejera y menos para hacer gobierno. Los cuatro puntos de Arbenz – tácticos todos – fueron las sólidas columnas que sustentaban su estrategia, tal y como los cuatro ejes de Álvaro Colom – estratégicos en su caso – determinan – implícita, pero de forma terminante – los caminos a recorrer para alcanzarlos. Agregar comentario: |
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