Opinión:El nardo en la palabra (CLXVIII)Gobernar no tiene nada Por: Amable Sánchez Torres
La culpa de todo la tuvo Noé, por permitir que las gallinas entraran en el arca. ¿Qué le podía importar a él una pareja más o una pareja menos? (Gén 7, 1-9). ¡Pues no! Convocó a todos los animales, de todos los ángulos de la Tierra, y escrupulosamente dejó entrar una pareja de cada especie. Al terminar el diluvio, respondiendo al plan inicial de Dios (Gén 1, 21 y 28), hasta las gallinas se multiplicaron. (Por cierto: según el Génesis, Dios no creó el huevo, así es que parece que antes que el huevo fue la gallina). Desde entonces las gallinas han llegado casi a gobernar, o, si no a gobernar, sí a formar parte de los más avanzados y agresivos planes de gobierno. Vean la foto que publicó Prensa Libre el jueves 12 de abril de 2007, en su página 8. En ella está el Presidente de la República izando una gallina, como si fuera una bandera, o quizá amenazando con arrojársela a ciertos contrincantes, como si fuera una azagaya. Quién sabe. Entusiasmo parece que no le falta.
Dice el Génesis que, para cerciorarse de si las aguas habían bajado ya o no, Noé soltó del arca un cuervo (Gén 8, 7). El fregado del cuervo, ¡carroñero él!, no regresó. Entonces Noé soltó una paloma (Gén 8, 9), pero, como las aguas del diluvio no habían bajado suficientemente, la tuvo que soltar una segunda vez (Gén 8, 10). A la segunda, la paloma volvió con un ramito de olivo (Gén 8, 11). ¡Enternecedor el cuadro! Después vino lo del arco iris (Gén 9, 12-17) y lo de la borrachera de Noé (Gén 9, 20 y 21). Desde entonces, se ha considerado a la paloma, y concretamente a la paloma con la ramita de olivo, como el símbolo de la paz. ¿Firme y duradera? Parece que no. Desde el principio, los hombres han estado, y siguen estando todavía, en una perpetua y encarnizada guerra, como si esto fuera un designio. Quizá por eso el Presidente asumió una actitud tan pragmática: más vale gallina en mano que paloma volando. Por lo menos la gallina sirve para hacerse un caldito, suponiendo, claro, que estas gallinas no tengan la gripe aviar, porque en este nuestro país nunca se sabe. ¡Solo eso nos faltaba, para terminar de amolarla! Hace dos o tres semanas dediqué mi columna a enumerar ciertas actitudes que a mi parecer son un exponente de infantilismo. Sobre todo actitudes de los políticos, sean estos ya gobernantes o simples aspirantes a ello. El panorama me parece triste y desolador. No sabemos qué será más duro, si el cambio político –¿es que vamos a cambiar?– o el cambio climático. Lo cierto es que en ambos casos tendremos que amarrarnos bien el cincho. Tampoco sé yo cómo es eso es gobernar. Supongo que es algo muy difícil –se necesitará para ello vocación, temple, fortaleza, equidad, sabiduría, equilibrio, espíritu de sacrificio y de renuncia...–, pero estoy seguro de que no tiene absolutamente nada que ver con arrear pijijes (o gallinas, si les parece mejor). Agregar comentario: |
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