laColumna:La TelenovelaPero ya no se sabe, a los hombres les molesta ir al médico y si pueden evitarlo, mejor. Por: Ana María Rodas
Causas y efectos mortales
No hace ni dos meses que el padre de mis hijas falleció. Era un hombre saludable que, como cualquiera, tenía enfermedades ocasionales: una gripe, un empacho, algún dolor de cabeza. Ninguno para matarlo en 48 horas, como sucedió, con la ayuda de un médico y una compañía de auxilios médicos de urgencia. Me guardo ambos nombres para evitarle problemas a este diario. Ni la viuda ni los hijos piensan emprender acciones judiciales contra los responsables de la prematura partida de Rolando de este mundo. Yo lo haría. Aquejado por ciertos malestares visitó a un médico que le mandó hacer los análisis y exámenes necesarios. Pero ya se sabe, a los hombres les molesta ir al médico y si pueden evitarlo, mejor. Su esposa lo acompañó a hacerse las pruebas y creyó que con eso era suficiente. El resultado fue que Rolando se hizo de la vista gorda y en vez de acudir con el médico a indagar sobre los resultados, lo dejó estar por unos días. A las cuatro de la mañana del cuarto día en que habría tenido que regresar con el galeno, tuvo un cólico. Su esposa llamó a la compañía de auxilios inmediatos con la que tenían un contrato, y los paramédicos llegaron, indagaron sobre los síntomas y le recetaron un purgante. Al mediodía, y víctima de unos dolores terribles que le impedían ponerse de pie, Rolando fue conducido por sus hijos y su esposa a un hospital de esta ciudad, donde luego de sedarlo para evitarle los aterradores sufrimientos por los que pasaba, indagaron sobre el resultado de las pruebas y exámenes que se había realizado. Una de mis hijas fue a buscarlas a la clínica del médico a que me he referido, no lejos del hospital. El médico abrió los sobres de los exámenes de laboratorio y de las pruebas de ultrasonido y luego de echarles un vistazo se las dio a mi hija. Solamente le comentó que no era posible saber cómo estaba el páncreas o el hígado, porque en los exámenes el intestino grueso aparecía anormalmente inflamado y no dejaba ver otra cosa. En el hospital los médicos que atendían a Rolando, que ya estaban harto preocupados, se alarmaron al ver los resultados de las pruebas, terminaron de prepararlo para una intervención quirúrgica, y dijeron que harían todo lo posible. Al terminar la operación, el cirujano habló con la esposa y con mi hija mayor para decirles que en ese momento todo quedaba en las manos de Dios, pero que si Rolando vivía, tendría que sufrir de por vida las consecuencias de una colostomía. Si el médico a quien acudió en un principio hubiera tenido la curiosidad —ya no hablemos de la obligación— de ver los informes de los exámenes que le habían practicado a Rolando, tendría que haberse alarmado y lo habría citado inmediatamente a su clínica. Pero no lo hizo porque solamente vio esos resultados cuando mi hija fue a buscarlos. Por lo tanto, Rolando jamás pudo saber que los desórdenes que sufría en esos días eran el resultado de una inflamación del colon por una diverticulosis que poseía sin saberlo. La diverticulosis es condición que suele afectar a un alto porcentaje de personas después de los 40 años y que se enfrenta con éxito consumiendo una dieta rica en fibra. Con la ayuda de los paramédicos que aquella mañana le habían administrado una dosis de laxante se le perforó el intestino sin remedio causándole una peritonitis. Cuando llegó al hospital tenía un shock séptico y ya no hubo poder humano que lo salvara; falleció antes de las 48 horas. Otro día les contaré la historia de un amigo muy querido que el año pasado falleció en un hospital de esta ciudad, a donde llegó con los dolores de cabeza temibles que le provocó un cisticerco alojado en el cerebro —ya se sabe que eso se trata con medicamentos— y que falleció luego de espantosos sufrimientos y de gastos de hospital altísimos. Eso fue así porque algún médico imbécil decidió trepanarle la cabeza, aún no sé por qué ni para qué, provocándole una meningitis que lo mantuvo durante varias semanas en cuidados intensivos, de donde salió hacia la funeraria. No quiero contarles los problemas de la viuda y de los hijos para pagar el costo de aquella carnicería. Saquen sus conclusiones y fíjense bien a qué médicos acuden. (http:// Agregar comentario: |
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