La desigualdad es una vieja marca de nuestros modelos.
Edgar Gutiérrez
Cada año buscan empleo por primera vez unos 125 mil jóvenes. Una muestra de cinco de esos muchachos nos pintaría este cuadro: uno encuentra trabajo estable, con prestaciones de ley y horizonte de ascenso; tres se van a la economía informal donde son trabajadores por cuenta propia o asalariados pero sin los derechos del Código laboral; y el quinto joven trata de emigrar indocumentado a EE.UU. Una fracción indeterminada de estos se asocia a la economía del delito.
La pirámide de ingresos es brutal. El salario mínimo representa menos de la mitad del costo de la canasta básica familiar. Entre los informales, siete de cada diez son calificados como subempleados, en parte, por sus exiguos ingresos, no obstante que laboran jornadas de 12 a 15 horas diarias. Las clases medias profesionistas deben contar con dos o hasta tres ocupaciones o incorporar a un segundo miembro del núcleo familiar al mercado de trabajo para mantener el ritmo de vida y solvente necesidades básicas: matrículas de colegio, servicios médicos particulares, abonos de casa, carro etcétera. En la cúspide están los altos ejecutivos de corporaciones y empresarios en ascenso, cuyos ingresos directos serán al menos 80 veces superiores a la base piramidal, donde superviven casi dos tercios de la población.
La desigualdad es una vieja marca de nuestros modelos de economía, pero nunca como en estas dos últimas décadas la contracción de las ramas de producción y servicios fue tan severa. Al punto que, en estricto sentido, nuestra economía perdió capacidad de reproducir su propia fuerza de trabajo y por eso la expulsa allende las fronteras y hacia esferas ilícitas, que, por otra parte, se han convertido en una fuente extraordinaria de consumo y acumulación.
Pero supongamos que ante nuestros ojos estallase el milagro y el país amaneciera hoy rebosante de inversión productiva e inexplicablemente el Gobierno abriera los canales de la competencia real del mercado: ¿nos salvamos? No. Carecemos de fuerza operaria, técnica intermedia, gerencial e ingeniería avanzada para administrar un boom. No veo las instituciones capaces de producir tal fuerza de trabajo, y que orienten estratégicamente su calificación.
Ese es el tema de fondo: Guatemala no apuesta decididamente a un modelo económico por híbrido que sea y tampoco cuenta con una política de capacitación laboral y educativa coherente. Hoy más del 50 por ciento de las ocupaciones no requieren calificación alguna, y en el mercado laboral casi no existe diferencia entre asistir o no a la escuela primaria. ¿Qué edificios económicos subyacen detrás de las ofertas electorales? ¿Se podrá edificar de todos ellos uno solo que se exprese políticamente –digo, con actores reales– como un nuevo pacto social?
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4 comentarios:
Juan Figueroa: (2007-04-30 20:15:30 horas)
Todo ser humano tiene sueños y esperanzas, cuando esos sueños son irrealizables, la gente busca oportunidades donde las pueda encontrar. Salir de Guatemala es lo mejor que a una persona joven y sin oportunidades le puede pasar. Ahi que se queden los ricos y explotadores, que el mundo es grande y Guatemala muy pequeña para tanto joven con talento. Que pena, tanto desperdicio pero uno siempre tiene lo que merece.
sergio santos: (2007-04-30 11:06:01 horas)
La unica inversión proviene de los, nunca bien ponderados, mojados y de los narcos. La excusa de mano de obra no calificada es eso, una excusa, hacer una encuesta sencilla en la capi, puros compañeros de edificio, nos muestra cuantos profesionales sub o desempleados hay por qué?? por qué nos siguen vendiendo espejitos con nombre de "ejecutivos" extranjeros y desde que los dueños de la finca se diversificaron hacia las empresas politicas también acaparan los empleos del sector publico ( no les dice nada los spirensen?)que se volvió botín de amigos y compadres....para que estudiar una licenciatura si ahora las dan a dos por uno en las u´s de garage que pululan por las zonas vivas, para que estudiar si cualquier hijo de vecino "bien conectado" tiene hueso fijo en emetra o administrando cementeras .....no es solo incapacidad del guatemalteco, es malinchismo e incapacidad de quienes ponen y quitan capataces en la finca desde hace mucho tiempo......ojalá algún día esto cambie, podremos entonces pensar en construir Guatemala.
sergio licardie V.: (2007-04-30 08:21:51 horas)
Dicen por ay que los culpables son los neoliberales, el BM, el BID, etc., de que las capas medias de la población se hayan empobrecido. Una de las realidades es que los gobiernos son incompetentes a la espera de ver a que modelo le copian. Se han vuelto gigantes con pies de lodo y no pueden sostener a los empleados de sus monopolios: maestros, médicos, militares, policías, carteros, oficinistas, etc., que alguna vez se sintieron clase media y ahora se la pasan en manifestaciones. Contrariamente a lo que dicen las mentiras la responsable de nuestro bajo desarrollo es la educación, no forma para el trabajo, desde el kinder a la universidad los estudiantes salen incompetentes, decepcionados y desertados. La educación es de largo plazo, entretención y conformación, no representa ni resuelve nuestras necesidades. Toda esa gente está condenada a niveles bajos por el hecho de que los gobiernos y sus autoridades quieren manipular hasta la hoja del árbol para que se mueva. Los espacios de mercado que el gobierno controla están superados por la oferta de la iniciativa privada, hasta en la seguridad, no se diga en educación, salud, etc. Las leyes no se cumplen por incompetencia e inmoralidad lo que permite decir que el crimen ha superado al estado y así lo queremos hacer mas grande.
lvsergio2@cableonline.com.mx Maestro Primaria INRA
Luis Pujol: (2007-04-30 06:06:20 horas)
La pregunta es: ¿Qué es primero, el huevo o la gallina?. El problema es un círculo vicioso. No se puede capacitar si no hay trabajos y luego, no se pueden dar trabajos si no hay capacidad, ¿en que quedamos?. Lo cierto es que en nuestra era democrática no hemos tenido gobiernos responsables que hayan quebrado ese círculo vicioso. Contestando a su pregunta hipotética, si el país amaneciera rebosante de inversión productiva: nos llenaríamos de extranjeros que ocuparían los puestos que nosotros no podemos o bien, regresarían muchos que han salido por motivos económicos. Por último, el año pasado el promedio de nueva inversión para los que si consiguieron trabajo estable fue de $32,000. ¿Tratamos de atraer inversión o la espantamos?.
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