En la edición del lunes del periódico El Mundo, el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, le escribe una carta abierta a Antonio Gamoneda, último premio Cervantes y uno de los más grandes poetas actuales de la lengua castellana.
Que un jefe de Estado se preocupe por la poesía y que además le escriba públicamente a su autor preferido para agradecerle las horas de lectura, no deja de parecernos curioso en estos tiempos que corren. La letra escrita así de simple –ya no digamos la literatura– no es algo que esté dentro de los intereses de políticos y mandatarios. Ya no proporciona reputación ni estatus, o lo que es lo mismo, su desconocimiento o su rechazo ya no escandaliza a las sociedades.
Mañana miércoles arranca oficialmente el proceso de elecciones generales en Guatemala ¿Qué lee la gente que pretende gobernarnos? ¿Qué libros reposan en su mesa de noche? ¿Qué títulos o qué autores fueron clave en su formación –si es que la tuvieron– como políticos? ¿Qué obras los acompañaron en su juventud? ¿Qué verso los ha atormentado en alguna noche de insomnio? ¿Qué poema les cambió radicalmente la vida?
No sé si saber leer y escribir es hoy en día requisito indispensable para optar a un cargo público. Saber expresarse correctamente es evidente que no. Tener ideas y saber relacionarlas es fundamental en el ejercicio político, o por lo menos lo era hasta hace algún tiempo. ¿Dónde alimenta su intelecto esa legión innumerable que pretende acceder al poder el próximo año? “¿Dónde nutren su espíritu?”, les preguntaría don Miguel de Unamuno.
Leer, por supuesto, no es productivo por lo menos de la manera en que estos señores entienden la productividad. No nos vuelve ricos ni poderosos. Nos vuelve más humanos, más inteligentes e imaginativos. Cosas así, sin importancia alguna.
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3 comentarios:
Miguel E. Aparicio: (2007-05-01 13:41:42 horas)
En el caso de su columna del 1º. De mayo, debo admitir que comparto sus afirmaciones en cuanto a las calidades de la oferta electoral en la gesta que se avecina. Y tiene usted toda la razón en lo que dice. Sin embargo discrepo del empleo de la palabra “espiritualidad” donde cabía con justeza la palabra “intelectualidad” o si usted quiere “cultura”.
El conflicto estriba en que para muchos intelectuales, la mayoría quizá, el “espíritu” resulta siendo el producto de la actividad cerebral, por intermedio del aparato neurológico denominado “intelecto”, el cual usurpa con frecuencia nuestra identidad espiritual adjudicándose la naturaleza del “yo”. Cuando don Miguel, a quien usted cita usa la palabra “espíritu” debió usar “intelecto”, pues es éste el que se nutre con otras expresiones intelectuales o actividades del mismo centro. Es un centro cerebral con actividad eminentemente verbal y por ello absorbe y crece con la contribución de ideas y conceptos vertidos en libros, estudios y tratados.
Si en lugar de prestar atención a Unamuno leyéramos por ejemplo a Ouspensky a Gourdjieff, Nicolle, Max Heindel, Alfred Whitehead, así como las muchas enseñanzas de los Rosacruces, budistas, Yogas, etc., encontraríamos claras explicaciones de la actitud usurpadora del falso ego, que se proclama “espíritu” o “yo”.
La acepción correcta de “espíritu” es “esencia”, aquello que es vital, primario, inherente a la cosa, inmutable, interno e invisible a los ojos del intelectual puro. Otorgar “espiritualidad” únicamente a los letrados, a los alfabetos, a los leídos, y negarla a los otros seres humanos, es igual a la conducta del falso cristianismo o del mahometanismo, que pretenden excluir del “paraíso” o de la Gloria post-mortem, a quienes no adoptan a ciegas todos sus dogmas de fe, a menudo discutibles y oscuros.
El Espíritu es Eterno y Perfecto. Solo se descubre a sí mismo en el proceso de la evolución. Se manifiesta en aquellos sentimientos de Amor verdadero no razonado, en la admiración por la belleza del mundo y su esplendoras naturaleza. Sin verbalizar. Sin analizar, que son actitudes puramente inferiores, del centro intelectual. Son los “cascarones” con sus cerebros en desarrollo, los que están en evolución y perfeccionamiento. Es en ellos donde radica el concepto del “mal” del “error divino”, de la “injusticia cósmica” y la ignorancia de la Realidad Espiritual.
Usted y yo estamos en contacto con nuestro verdadero Espíritu en el silencio de la mente. En la certeza de Ser, sin consideración ni análisis. En esa deliciosa sensación de detener el tiempo y sorprendernos en meditación pura, sin palabreo interno, escuchando el maravilloso sonido del mundo y del universo. Y el palpitar de todos los corazones vivientes.
¡Eso es Espiritualidad!
Y hasta pronto…
Camila Smith: (2007-05-01 07:31:28 horas)
Yo nutro mi espirítu en sus palabras señor Aceituno. Leerlo no solo me nutre, también me regocija. Es una pena que me tenga tan fámelica, apenas un librito de cuentos -Los años sucios- y una columnita cada semana. Señor Aceituno, denos más de su alimento por favor.
Luis Guzman: (2007-05-01 06:47:03 horas)
El Sr. Aceituno pone el dedo en la llaga.actualmente eso de interesarse por la poesia, la narrativa o la filosofia esta pasado de moda. Lo que a una buena parte de la poblacion le interesa es saber sobre la vida de los "famosos" y como hacer dinero. Hasta la religion, con su publicitada teologia de la prosperidad (material) y con el unico libro (la Biblia) que medio leen, porque los mas se dejan llevar por la interpretacion que de el hace "su pastor".
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