Actualidad: VitrinaAyuda para quienes ayudan a las víctimas de desastresTres oficinas elaboran un Manual de Autocuidado para los socorristas y profesionales que atienden las emergencias en medio de desastres. Por: Antonio Ordoñez y Alejandro Pérez
Los desastres naturales dejan una secuela de dolor inmediata, pero a la postre dejan un efecto conocido como “el segundo desastre”, que es el trauma provocado en los profesionales que atienden a las víctimas.
Tras la tormenta Stan, aún quedan víctimas que no superan la pérdida de sus familiares bajo toneladas de lodo. Pero para las trabajadoras sociales, como Zobeida Cifuentes, del Programa de Prevención de la Violencia Intrafamiliar, el trauma sigue día a día cuando llega a monitorear la recuperación del tejido social de las comunidades del municipio de Coatepeque, en Quetzaltenango. “Algo que impresionó mi vida fue cuando en un albergue encontramos a un grupo de mujeres que lo perdió todo. Con ellas habíamos trabajado en la Secretaría de Obras Sociales de la Esposa del Presidente (SOSEP) y al verlas en esa situación me sentí conmovida”, expresa Cifuentes. A este caso se añaden el de los sicólogos y médicos que llegaron hasta las comunidades más remotas y que fueron azotadas por las fuertes lluvias de octubre de 2006. Varios necesitaron atención psicológica para superar el impacto que la crisis dejó en sus vidas. “Se ve mucho su desgaste emocional al enfrentar desastres naturales como este”, asegura Sharon Díaz, directora del Programa de Prevención y Erradicación de la Violencia Intrafamiliar (Propevi) . Aunque los profesionales están preparados para auxiliar a personas que han pasado por una impresión semejante a una correntada de lodo, durante la crisis provocada por el Stan tuvieron que enfrentar el incremento de los índices de violencia contra las mujeres, los cuales aumentaron, asegura Nadine Gasmann, del Fondo de las Naciones Unidas para la Población (UNFPA). Un estudio sobre comportamiento hecho por el Centro Nacional de Desórdenes de estrés postrauma descubrió que uno de cada tres socorristas de los equipos de atención llegan a presentar síntomas de estrés tales como disociación, ansiedad, depresión marcada, aumento de la activación y disminución de la capacidad de respuesta. Estas secuelas son historia contada desde hace 30 años, y se siguieron relatando tras 36 años de conflicto armado. “Nadie toma en cuenta el segundo desastre, que son los traumas que tienen las víctimas y quienes atendieron a las víctimas. Conozco a gente que sobrevivió al terremoto de 1976 y todavía entra en pánico cuando pasa un cisterna y el suelo empieza a temblar por el peso”, cuenta Marco Antonio Garavito, de la Liga de Higiene Mental. La Liga solo cuenta con estadísticas de casos que datan del terremoto de 1976 y de socorristas, misioneros y voluntarios que trabajaron durante la guerra con las víctimas y desplazados. Manual de Autocuidado La SOSEP, Propevi y la UNFPA elaboraron un Manual de Autocuidado con Énfasis en Equidad de Género, el cual provee las herramientas que les ayudan a superar el trauma postraumático que pudiera dejar en ellos enfrentarse a las condiciones infrahumanas en que encuentran a las víctimas de los desastres y de la violencia intrafamiliar. El texto relata que los equipos que atienden a los sobrevivientes de desastres detectan altos índices de violencia basada en género y violencia sexual en los hogares damnificados. Esto les provoca altos índices de estrés, los cuales, de no ser tratados a tiempo, pueden desembocar en crisis emocionales o en un síndrome de desgaste profesional. Agregar comentario: |
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