La minoría de guatemaltecos está preocupada por los catastróficos efectos de una votación equivocada en la próxima contienda electoral; intuimos que el voto razonado es inexistente, pero los expertos en marketing político están convencidos de esa realidad –útil para el diseño de su campaña electoral–. El discurso político de casi la totalidad de los contendientes está lleno de promesas, pero carente de contenido programático, en su lugar hay gritos y tonadillas mexicanas, pero no por ello deja de influir entre quienes por novelería, invitación o encargo asisten a los mítines.
El esfuerzo por inducir sicológicamente a los votantes continúa a través de mensajes celosamente elaborados para difundirse por televisión, radio y periódicos, como propaganda electoral; sin embargo, unas veces se difunden como noticia. Por lo que uno se pregunta, ¿están conscientes los directores del rol que desempeñan sus medios? Los últimos cinco procesos electorales son un buen referente para evaluar hasta dónde se han parcializado ciertos medios.
Hace tres años publique el artículo “¿Acuerdo para qué?”, en el cual destacaba que la pírrica victoria presidencial, la amenaza del crimen organizado-delincuencia común, además de las desfavorables condiciones socioeconómicas presagiaban escenarios conflictivos; esto imponía un pacto de gobernabilidad. Contrario a esta reflexión varios politólogos afirmaron que Berger no tendría problemas, dieron por “…sentado que el Gobierno de la Gana, tendrá buena prensa en función de lo observado en el proceso electoral” –¿acaso eso era suficiente?– En esa ocasión insistí en lo erróneo de tal afirmación, porque la prensa tenía un compromiso con los guatemaltecos: “quienes la consideran, defensora de las aspiraciones nacionales.
Así que, lo más seguro es, que finalizado el proceso electoral... terminó la luna de miel...” (elPeriódico 12/01/04). Hoy, la responsabilidad de los medios es mayor, porque estamos en el umbral de escenarios más conflictivos capaces de arribar en una revuelta social, con poca probabilidad de transitar hacia una revolución. Entonces, el mejor aporte es mayor pluralidad para tratar la temática electoral –miremos hacia Haití–.
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