Mi casa era el hogar de peces, cangrejos, patos y quién sabe cuánto más.
Lucía Escobar
Hace poco vi unas fotos antiguas de Panajachel. La calle Santander era apenas un trazo entre maizales y champas comerciales. El río San Francisco se veía ancho, frondoso, lleno de vida. Intenté buscar el lugar donde vivo y me sorprendí de ver que estaba bajo el agua. Mi casa, y dos o tres cuadras a la redonda, eran hogar de peces, cangrejos, patos y saber cuántos bichos más.
Pasó el tiempo y el río se fue haciendo chiquito. Apenas se retiraba un poco y la gente ponía postes, drenajes, caminos, casas. Hacían papeles y convertían los alrededores del río en propiedad privada. Pero vino el Stan y el río recuperó su espacio, llevándose casas, puentes, postes, calles, carros. Tomó lo que le pertenecía.
Y ahora vemos que no hemos aprendido nada. Con decirles que la Secretaría de Coordinación Ejecutiva de la Presidencia (SCEP), en saber qué transa sucia, gastó nueve millones de quetzales de un préstamo del BID y, sin preguntar a nada, decidió erigir un muro de concreto justo en medio del río San Francisco. ¿Con qué intención? No lo van a creer: recuperar un bulevar que pasaba por allí que nadie recuerda, y que ahora es piedras, ripio y desastre. Por supuesto, el muro resultó no tener estudios de impacto ambiental y ser un peligro extremo para los habitantes de los alrededores. Ahora lo van a demoler, como si nueve millones no fueran nada.
Conozco a un chavo experto en armar proyectos alucinados sin presupuesto. Estoy segura de que con ese dinero, él convertiría al río San Francisco en un parque ecológico con pista de aterrizaje para parapente, un camino para bicicletas y juegos infantiles. Todo hecho con caña, bambú y materiales amigables, para que cuando el río vuelva a sublevarse no sea una tragedia. Pero este chavo no es político, ni transa; es artista... así que veo difícil que le den la oportunidad. Lástima.
0 comentarios: