Berganza y “El Chiqui” Lara se declaran culpables de narcotráfico
En su declaración, Byron Berganza involucró a José Armando Llort Quiteño, ex presidente del Crédito Hipotecario Nacional (CHN), en transacciones de cocaína.
Este es un relato reconstruido a partir de investigaciones policíacas, revelaciones de agentes encubiertos e infidencias de prisioneros. Es un relato que se ha ensamblado capítulo por capítulo, durante los últimos cuatro años, en la Corte del Distrito Sur de Nueva York.
Y esta es, en parte, la historia de Byron Berganza, guatemalteco prisionero en Nueva York, acusado por cargos de narcotráfico por el Gobierno de Estados Unidos . “Me declaro culpable”, dijo Berganza en una audiencia celebrada en agosto pasado ante un juez federal. Esas palabras aceptaban sin marcha atrás la acusación de conspiración para exportar drogas hacia Estados Unidos, un delito por el que puede enfrentar desde diez años de prisión hasta una sentencia de por vida en la cárcel.
En su escueta confesión, Berganza aceptó que junto a Marco Antonio Lara, un empresario en el negocio de exportación de rosas en Guatemala, y José Armando Llort, el ex presidente del CHN, cerraron alrededor de septiembre de 2003 el último negocio de compra-venta de cocaína que Berganza realizó. Fue el negocio que dio el traste con su organización y desbarató una portentosa red de narcotraficantes que operaba desde Colombia y Guatemala hasta Filadelfia y Nueva York.
“Yo había acordado con Marco Antonio Lara y José Armando Llort que ellos me entregarían US$300 mil para que comprara la droga. Recibí el dinero e iba a comprar la droga, pero eso ya no sucedió”, contó Berganza.
La compra sería por poco más de cinco kilos de cocaína y el objetivo, según el propio prisionero, era exportarlos a Estados Unidos, pero el dinero se esfumó antes de que Berganza consiguiera la mercancía. Una persona, a quien Berganza entregó los US$300 mil, iba a encargarse de la compra, pero simplemente desapareció.
Es fácil suponer que esa persona que se esfumó con el dinero era informante de la Agencia Antinarcótica de Estados Unidos (DEA por sus siglas en inglés). El proceso que se sigue contra Berganza, Lara y ocho personas más (guatemaltecos, colombianos y estadounidenses) ha desnudado y revelado detalles de las operaciones que esa oficina emprendió para desbaratar la red: cómo sedujeron gente clave en el negocio del narcotráfico para convertirlos en sus informantes, con el fin de que fueran ellos quienes atrajeran a sus cómplices o, en el mejor de los casos, entregaran a portentosos competidores.
Y cómo la droga, que dejaba atrás una serie de arrestos en Centroamérica, seguía su marcha hacia Estados Unidos, bajo control de la DEA, con el único fin de que el gobierno atrapara a la contraparte de la organización que operaba en suelo estadounidense.
El mes pasado, después de la confesión de Berganza, Lara aceptó también su responsabilidad en dicho negocio. “Los tres nos reunimos en El Salvador”, dijo Lara al juez, “y ellos me preguntaron si podía prestarles dinero para financiar sus transacciones”. El juez preguntó a Lara si él sabía de qué transacciones se trataban y el empresario respondió que sí. La fiscalía agregó que, en otra ocasión, había financiado un cargamento de 70 kilos.
Las confesiones, como efecto dominó, empezaron a concretarse a partir de las declaraciones de Berganza en agosto. En marzo, Horacio Botero Tavares, un colombiano conocido en el mundo del narcotráfico como El León, extraditado a Nueva York a raíz de este caso, aceptó también su conexión en las transacciones. Sus confesiones dan cuenta que su papel consistió únicamente en presentar contactos colombianos con los operadores centroamericanos para coordinar los cargamentos.
En la acusación, el Gobierno estadounidense ha adherido a dos guatemaltecos más: Jorge Mario Paredes Córdova, El Gordo Paredes, y Myva Lorena Orellana Morales, ambos originarios de Zacapa, Guatemala. El rol de estos dos acusados, sin embargo, no ha sido revelado aún por los investigadores.
La mujer era una especie de caja chica en la organización: las autoridades calculan que a finales de los 90, guardaba en efectivo US$25 millones que correspondían a Paredes. El Gobierno estadounidense asegura que ese dinero era fruto de narcotráfico.
En tres años, a partir de su captura, Berganza se declaró inocente de los cargos, pero su estrategia cambió: recientemente se declaró culpable, pero pasó la factura a su socio. En su declaración se encargó de señalar a Llort como contraparte salvadoreño en el negocio de la cocaína.
La sentencia aún no es dictada por la Corte del Distrito Sur de Nueva York. La actitud de los acusados, al aceptar sus responsabilidades, siempre son atenuantes en estos procesos.
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3 comentarios:
Ibrahim Ayad: (2007-05-02 19:14:44 horas)
Una historia tan real como la del gobierno y el MP, que fueron los mareros los que mataron a los policias que a su vez mataron a los diputados salvadoreños....
rod alexander: (2007-05-02 11:29:25 horas)
bueno al fin se me esta concediendo lo siempre crei , que muchos de los nuevos edificios de guatecoca son producto del polvo blanco. amen. solo falta que digan que el mas millonario de america es de guatecoca. aguas con los equipos de futbol y los predios de carros, asi como las caroneras fincas grandes con nuevos duenos.
Dario Rojas: (2007-05-02 05:10:21 horas)
Quien sabe cuantos mas no hay asi en Guatemala que disfrazan el narcotrafico con supuestos negocios licitos.
Dude y sospeche siempre de la persona que hace mucho dinero rapido, la vida no es asi de facil y generalmente hay algo turbio detras.
3 comentarios: