El fervor de los niños en sus peticiones a Dios de cada noche.
Jacques Seidner
Los y las niñas tienen su lógica no tan alejada finalmente de la de sus mayores. Mas aún se expresan con un vocabulario directo y más sencillo. En un pueblo de esos donde la Iglesia, el cementerio y la escuela están reunidos en un mismo cuerpo de actividades se pueden leer los siguientes grafities inscritos a lo largo del tiempo por los y las que atendían ahí la escuela religiosa de párvulos. A continuación tomados al azar algunos de esos garabatos infantiles.
– Dios mío: en lugar de dejar que la gente se muera y hacerla de nuevo, ¿por qué no dejas siempre vivir a los mismos que somos ahora? Juanita.
– Querido Dios: fui a esta boda y vi a los novios besarse frente al altar. ¿Será correcto hacer eso en la iglesia misma? Andrea.
– Querido Dios: en los tiempos bíblicos, ¿realmente la gente hablaba de esa forma tan elegante? Rodolfo.
– Dios mío: creo que la engrapadora es una de tus grandes invenciones. Carolina.
– Querido Dios: pienso en ti a veces, aun también cuando no estoy rezando. Alan.
– Querido Dios: yo soy americano. ¿Qué eres tú? Roberto.
–Mi Dios: gracias por el nuevo hermanito que nos trajiste pero lo que te había pedido en mis plegarias era ¡un perrito faldero! Joyce.
– Querido Dios: pienso que debe serte muy difícil querernos a todos al mismo tiempo y en todo el mundo. Solo hay cuatro personas en mi familia y nunca lo he logrado. Milly.
– Dios mío: pon algún feriado entre Navidad y Semana Santa. No hay nada que valga la pena en ese espacio. Cristian.
– Querido Dios: si llegas a la iglesia el próximo domingo te mostraré mis zapatos nuevos. Mickey.
– Querido Dios: si algún día regresamos a esta Tierra, te ruego que no me transformes en Juanita Sánchez…, ¡la odio tanto! Ramona.
– Dios: me gustaría vivir 900 años como el fulano de la Biblia. Recuerdos. Rafael.
– Querido Dios: si me regalas la lámpara de Aladino, te daré a cambio todo lo que me pidas excepto mis ahorros y mi juego de damas chinas. Ricardo.
– Querido Dios: dicen que Edison inventó la luz. Pero en clase de catecismo nos enseñan que tú la creaste. ¡Apuesto que Edison te robó la idea!. Elisa.
– Dios: si no hubieras dejado que los dinosaurios se extinguieran no tendríamos hoy nuestro bello país para gozarlo. ¡Hiciste entonces lo correcto! Jonas.
– Dios mío: haz que manden a Emilio Sevilla a otro campo de vacaciones. ¡No lo soporto más! Rodrigo.
– Querido Dios: quizás Caín y Abel no se hubiesen malmatado tanto si hubiesen dormido en cuartos separados. Peter.
¿Serán tan fervorosos e intensos los niños en sus rezos como lo son los adultos en sus plegarias? Sin duda y quizás aún más. Así lo considera el loro parlanchín.
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