En tan solo 15 años en los escenarios, Editus cuenta ya con una hoja de servicios impresionante.
Jorge Sierra
En tan solo 15 años en los escenarios, Editus cuenta ya con una hoja de servicios impresionante. La misma da fe de los tres premios Grammy que obtuvieron en 2000 y 2003, gracias a los discos en los que acompañaron al panameño Rubén Blades. El pasado miércoles 25, en el teatro Dick Smith del IGA, el grupo costarricense presentó, ante una sala llena, su particular propuesta musical.
Esta vez no fue trío sino quinteto. Encabezado por el guitarrista Edín Solís, con el violinista Ricardo Ramírez y Carlos Vargas, baterista y percusionista, la banda despachó, en el tercer concierto de su sexta presencia en el país, new age, folclor, jazz, latino y pizcas de rock.
Lo suyo más bien podría enmarcarse en el world music, dado a tantas fusiones que a la vez guardan un rasgo latino. Si se parte de ello, no hay problema para comprender que aborden lo caribeño en Malecón, el bolero en Una vez más, lo étnico en Viento y madera y Zapateado, el vals latino en La flor de la canela o el pop en Hijo de la luna, original de Mecano.
Ahora bien, las incursiones más insólitas ocurren en los términos de new age, Calle del viento y Memorias o en las obras de mayor oficio como Toku y Arabesco, donde se ponen en evidencia los logros y los registros alcanzados por los ticos, esta vez con el apoyo del bajista Mario Álvarez y el tecladista Ricardo Alfaro.
Los logros comerciales y mediáticos obtenidos hasta ahora han sido primordialmente por el amparo que Blades dio al grupo, quien escuchó esa novedad estilística de la mano de su modelo de composición que, para ser franco, en ocasiones es arriesgada y original, pero en otras es dulzona y cursi. Igual, por ratos la escucha se anima y por otros se vuelve tediosa.
Por supuesto, las contrariedades que pudieran suscitarse en el desarrollo del concierto se atajan, se minimizan o, en todo caso, se sobreponen gracias al particular desempeño instrumental de Ramírez y de Vargas, y a la mayor comodidad que el trío tuvo en general con la incorporación de teclado y bajo.
Este concierto mostró a un Editus más desarrollado, inquieto y maduro, pero también transparentó debilidades técnicas y creativas que tendrá que enmendar para consolidar esa estela de prestigio que aún lleva consigo después de cuatro años cuando, junto a Blades, recibió resonantes premios. Y que le ha redituado muchísimo. De no hacerlo, perderá mucho.
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