Hugo Rolando Melgar fue asesinado el 24 de marzo de 1980 por órdenes provenientes de quienes gobernaban la república en esos años. Testigos afirman que un helicóptero sobrevolaba las calles donde lo esperaba no menos de una docena de individuos dispuestos a acabar con su vida. El reporte forense, que aún descansa en algún cuarto del que fue nuestro hogar, da cuenta de una saña y una brutalidad sin límites. Como todos los días, se despidió aquel día de su familia y marchó con la frente en alto hacia la Universidad de San Carlos. “No he cometido ningún delito y no hay por qué temer”, era una de las frases que usaba ante nuestros temores. Cayó portando su única arma: la palabra. El último tiro que recibió destrozó su cerebro, como si de esa manera se pudiera acabar con las ideas que portaba. Este caso ha sido declarado paradigmático ya que ejemplifica este tipo de crímenes en Guatemala. Quiénes son los culpables y bajo qué circunstancias se dio este homicidio son asuntos fuera de duda. Para nuestra familia, mi padre no es “uno más”, como no debiera serlo el caso del niño cuyo cráneo fue estrellado contra un árbol por algún kaibil o el caso del sindicalista que murió torturado despiadadamente o el de los estudiantes degollados el 22 de marzo de 1980. Estos también son casos que ejemplifican el calvario guatemalteco y los culpables son conocidos. Me permito recordar a Acisclo Valladares que la ley es específica. Mi exigencia de justicia no impide ni coarta el derecho a la justicia de otras familias, ni la necesidad de lograr un Estado de Derecho pleno para todos mis compatriotas. Muchos de quienes sufrimos el terrorismo de Estado nos hemos inhibido de buscar justicia, considerando que es en vano pedirla ante un sistema controlado por quienes quisieron acallar a mi padre por su posición ante el constante atropello a los derechos humanos. Sin embargo, la fórmula “Todos o Ninguno” solo sirve para perpetuar la impunidad y promover la injusticia por generaciones. Aliviadas estarían las víctimas del régimen nazi si hubiesen tenido que esperar a que se enjuiciaran a todos los criminales de guerra para poder ver a Himmler y Goering ante el tribunal de Nuremberg. Los nietos y nietas de Hugo Rolando Melgar ya empezaron a preguntar por su abuelo. Solo podemos contestarles con la verdad; solo podemos decirles que, junto a nosotros, no cejen en su búsqueda de justicia a quien no hizo sino buscar para Guatemala un futuro, que hoy se nos antoja más lejano que nunca.
Mis padres lloraron el asesinato de Hugo Rolando, ellos eran amigos de muchos años.
Nosotros hemos vivido en el extrangero desde el secuestro y asesinato de mi papa, Leonel Roldan Salguero, a finales del ochenta.
Guatemala, siempre llorara la perdida de sus mejores hijos por la violencia politica a manos de la casta militar
del pasado.
Mucho gusto
Alejandro
Rolando Alecio R.: (2007-05-04 11:28:43 horas)
Una de las estrategias para diluir responsabilidades sobre los crímenes de lesa humanidad es repartirlos mecánicamente entre "ambos bandos". Es un recursos similar al que se usa para indicar el ingreso per cápita: uno gana Q100 y otro nada, pero a la hora de reportar el ingreso, este se promedia y resulta que es de Q50 pér cápita. También se recurre a revertir la culpabilidad sobre la propia víctima o sobre sus familiares y grupos de pertenencia, resultando estos como los victimarios que "buscan venganza y no justicia", mientras que los asesinos materiales e intelectuales resultan victimizándose. Tristemente es el mundo al revés.
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