Dándole seguimiento a mi columna de hace ocho días, estoy más que convencido que los guatemaltecos decentes, debiéramos unirnos para cambiar Guatemala. Es sin duda una tarea ardua, pero es menester empezar y una buena causa y del todo viable, sería propugnar -cerrando filas- por la reducción y depuración del Congreso. Este organismo, refugio –mayoritariamente- de apátridas e inconscientes, nos cuesta a los guatemaltecos Q1.1 millones por día, incluyendo, sábados, domingos, días festivos y los obvios puentes que se recetan los diputados… como el del pasado lunes.
Si bien es cierto, el costo es elevadísimo, lo más grave es que la calidad de los diputados si se promediara, seguramente no alcanzaría una nota aprobatoria, lejos de ello, todos sabemos que la mayor parte de los congresistas son gente de poca calidad, de modo que asegurar que representan a los guatemaltecos, significaría aceptar que los guatemaltecos somos mayoritariamente desobligados, tontos y corruptos… yo al menos me niego a aceptar tal cosa, como también me rehúso a comprar el argumento malsano que indica que: habiendo guatemaltecos buenos y malos en todas partes, el Congreso no es la excepción y por ende debemos aceptar que hayan malos. Aunque así ocurre en la realidad, es una burla a la democracia que aceptemos que quienes viven a expensas de nuestros impuestos, no deban ostentar calidad alguna.
Los politiqueros de toda la vida, se han dado cuenta de los grandes réditos que significan ser diputado: 1. Excelentes ingresos legales y gordos ingresos ilegales. 2. Poder político. 3. Impunidad garantizada… todo ello, más una serie de oscuros beneficios incuantificables. Prueba de ello, apellidos conocidos en la política que no han hecho nada bueno por el país, se lanzan acaparando los puestos de los distintos listados; los Ríos –por ejemplo- participarán entre el Congreso y el parasitario Parlacen, con cinco miembros de la familia, los Crespo más tímidos o menos poderosos en el partido “solo” con tres, los Palomo con dos; este fenómeno de familias que han encontrado en la política “el gran negocio” no es nuevo, hoy aparece también la segunda generación de los Cerezo, y en las alcaldías dos hijitos y papi Rivera, etcétera. Es decir, para ser diputado no se necesita nada, ningún valor, ningún atributo, ninguna calidad, cualquier hijo, novia, secretaria o empleado de politiquero puede lograrlo, o bien, aquel que tenga para “pagar” por su puesto en el listado. Eso sí, cada diputado nos cuesta Q2.5 millones por año, ¿qué le parece? Como si fuera poco, les pagamos para que –además de darse la gran vida- aprueben presupuestos del Estado cada año más crecientes e inmorales, es decir, para que metan abusivamente las manos en nuestros bolsillos. Este tema lo profundizaremos en Hablando Claro (Guatevisión domingos 7:30 p.m.).
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2 comentarios:
Guillermo Francisco Aguilar Garcia: (2007-05-04 15:01:31 horas)
Gracias porque al fín surgio alquien, que con ideas quiere hacer de esta una patria nueva, para que no lleguen más corruptos y aprovechados, que se puede esperar de diputados que pagan por estar en listado nacional, me apunto para ayudar en lo que pueda ser util. adelante.....
Oscar Gustavo Ancheita Escobar: (2007-05-04 07:08:49 horas)
Lo mínimo del perfil para el cargo de diputados debería ser Abogado y Notario, reconocida honorabilidad, suficiente amor a la patria y deseos muy grandes porque Guatemala salga del subdesarrollo. Estas deberían ser algunas de las cualidades que deberían ostentar los legisladores. Con éstas sería suficiente para tener un buen Congreso. Señor García inicie el movimiento pro-reformas a la ley reguladora de este ente y vera como el pueblo de Guatemala lo apoyará. Si hay que recoger firmas para que eso suceda, me apunto para hacerlo aquí en mi pueblo. Verá usted como toda Guatemala desea tener un Congreso menos numeroso, pero mas productivo.
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