Hoy, hace 8 años, fue asesinado con ensañamiento brutal, premeditación, ventaja y alevosía, Edgar Alfredo Ordóñez Porta. Fue secuestrado a inmediaciones de la fábrica donde laboraba, instalada en el Puerto de San José, Escuintla; y después de haber sido torturado, fue ultimado a balazos.
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Hoy, hace 8 años, fue asesinado con ensañamiento brutal, premeditación, ventaja y alevosía, Edgar Alfredo Ordóñez Porta. Fue secuestrado a inmediaciones de la fábrica donde laboraba, instalada en el Puerto de San José, Escuintla; y después de haber sido torturado, fue ultimado a balazos. Posteriormente, sus victimarios abandonaron el cadáver lacerado en un pozo, donde días después fue encontrado en estado de descomposición por la Policía.
Según lo ha denunciado el hermano del occiso, Hugo Ordóñez Porta, las investigaciones del asesinato han estado matizadas por irregularidades y anomalías que involucran a funcionarios militares y civiles del régimen de Álvaro Arzú Irigoyen (1996-2000). En su oportunidad, las investigaciones llevadas a cabo por el Ministerio Público desembocaron en la captura de varios presuntos autores materiales del hecho de sangre, los cuales fueron absueltos por falta de prueba, por los tribunales de Escuintla, de lo que se deduce que eran “chivos expiatorios”.
Lo cierto es que, a estas alturas, aún se desconoce el móvil del asesinato de Ordóñez Porta, y está pendiente de identificarse y juzgarse a los autores intelectuales y materiales del mismo.
Dado que el crimen podría tener la connotación de una típica ejecución extrajudicial, fundamentalmente por las características del hecho, la Misión de Verificación de las Naciones Unidas en Guatemala (Miinugua) intervino y lo catalogó como uno de los casos paradigmáticos de violación al derecho a la vida y a la integridad física de las personas en nuestro país. También la Fundación Myrna Mack tomó cartas en el asunto, al igual que otras instituciones defensoras de los derechos humanos a nivel nacional e internacional.
El asesinato de Ordóñez Porta se asimila a los asesinatos de monseñor Juan José Gerardi Conedera, del hermano marista Moisés Cisneros y de la antropóloga Myrna Mack, entre otros; y forma parte ya de la ignominiosa cadena de muertes impunes que ha caracterizado a este pueblo sufrido y oprimido.
La vida de Ordóñez Porta fue segada por la inmunda mano del miserable sicario, que vive del asesinato cobarde de sus semejantes, con absoluta impunidad, guareciéndose a las sombras del poder, y que no respeta leyes ni derechos, sino que asesta el golpe con premeditación, alevosía y ventaja, habilitado por el perverso autor intelectual que lo ejecutó impunemente.
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