Un fenómeno de demanda por conocer y aprender el idioma vernáculo chino, el mandarín, se registra en el país desde finales del año pasado. Esto ha llevado a que en la actualidad se hayan diseñado programas de aprendizaje en los centros de enseñanza de idiomas de dos universidades, el de la Universidad de San Carlos de Guatemala y de la Universidad Rafael Landívar (URL), así como en varios centros con academias.
Los interesados en aprender mandarín, según pudo establecerse a través de algunas consultas, oscilan entre los 18 y 50 años. Y van desde estudiantes, en su mayoría descendientes de ciudadanos chinos en Guatemala –pero quienes desconocen el idioma empleado por sus padres o abuelos–, hasta gerentes generales de medianas empresas ubicadas en el sector industrial.
Los precios para aprenden a expresarse en mandarín están entre los Q200 a Q900 por curso, y contemplan una extensión de uno hasta tres meses, con una sesión a la semana y una duración de una a tres horas.
A juicio de Violeta Hsu, cónsul de la embajada de Taiwán y agregada de Cultura, y Ricardo Hsu, encargado de negocios de esa misión diplomática, no solo es la nostalgia por aprender el idioma de los abuelos el principal motor por el cual cada vez más instituciones académicas o escuelas de idiomas se han enfocado en reclutar maestros que puedan enseñar mandarín.
Según ellos, el principal interés que puede llevar a un guatemalteco a estudiar el milenario idioma son las cada vez más grandes posibilidades de fortalecer los vínculos comerciales con empresarios de Asia.
Mismo razonamiento advierte María Teresa Asturias, directora del Centro Landivariano de Educación Continua de la URL, y Julio Chang, un ingeniero en Sistemas, que montó una academia en uno de los locales de un centro comercial ubicado en la 3a. avenida y 12 calle de la zona 9, con capacidad para grupos no mayores de 30 estudiantes.
Dos años para asimilar 5 mil caracteres
El idioma mandarín es el medio para comunicarse, tanto en forma oral como escrita, que se emplea en la República de Taiwán y en China. Su cuna se registró en el norte del Río Amarillo, hasta desplazarse por toda la antigua Mongolia.
Sin embargo, hay diferencias entre el mandarín de Taiwán y el del continente. El que se emplea en la Isla de Formosa, por ejemplo, es la forma más tradicional. En China se emplea una forma más popular y es más sencillo en sus caracteres y estructura de la simbología.
Los interesados en aprenderlo tienen ante sí un gran reto. El mandarín es susceptible de segmentación y, según el interés que se tenga para su uso, puede estudiarse en bloques que van desde los 43 hasta los 1,500 caracteres.
Emplea un sistema fonético-compuesto-pictográfico que llega a tener 5 mil caracteres y en Taiwán, por ejemplo, su aprendizaje es un proceso de nueve años de la instrucción general de educación.
El mandarín no se basa en una gramática, como otros idiomas, y tampoco contiene conjugación de verbos; empero, sí ha asimilado aforismos extranjeros adaptados a la grafía de su cultura.
Asturias, de la URL, comentó que la instrucción del curso impartido en este sitio se basa en conocer cómo comunicar necesidades y acciones básicas, es decir, conversar. Saludo, agua, comida, transporte, etcéctera, señaló.
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