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laColumna: Viaje al centro de los libros

“Desmoronamiento”

El escritor salvadoreño Horacio Castellanos Moya se caracteriza por la voz fuerte, porque en sus novelas aborda temas sociales con toda crudeza, porque arrancó con el suspenso de la novela negra ...

Por: Méndez Vides

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El escritor salvadoreño Horacio Castellanos Moya se caracteriza por la voz fuerte, porque en sus novelas aborda temas sociales con toda crudeza, porque arrancó con el suspenso de la novela negra poniéndole el dedo en la llaga a lo que tenemos en Centroamérica de lacra, y creció gracias a esa capacidad notable para irradiar desprecio. Sus novelas conmueven, y creo que su cima hasta ahora la alcanza en Insensatez (Tusquets, 2004), obra tras la cual nuevamente nos ha sorprendido con una novela distinta, porque ahora aborda a los personajes desde lejos, con desgarramiento por lo que seguramente guardan de autobiográfico los hechos, pero de tema melodramático y baladí: Desmoronamiento (Tusquets, 2006).

La novela cuenta la historia de Lena, una mujer averiada por la vida, histérica, que expresa su odio y rabia tras la muerte de una hija gemela que una enfermera dejó caer de cabeza en el hospital. Odia al marido, con quien sigue viviendo por conveniencia política y costumbre, y a Teti, la hija sobreviviente, porque en lugar de llegar a ser lo que ella le tenía destinado, escogió otro camino: se casó con un comunista salvadoreño y se marchó al vecino país, llevándose al nieto querido para siempre. En la obra se narran los infortunios de Teti (personaje a quien el autor trata con tacto), y la obra termina en el lecho de muerte de Lena en coma, 30 años más tarde, indicando que “quién creyera. ¡Tanto afán en la vida y tan poco para llevar!”.

El ejercicio técnico es también singular, porque la novela se construye con diferentes voces, un diálogo fuerte en la primera parte, un intercambio de correspondencia en la segunda, y el relato de un sirviente fiel en la tercera. Lena es desquiciada e histérica en la primera parte, es loca de evitar y tolerar en la segunda, y es una vieja amable y bondadosa en la tercera, con sus rarezas que excusa el poder.

Si la novela fuera solo eso, resultaría tan real y común que no sería relevante, pero de fondo está el paisaje vivo, la representación de la poquedad centroamericana, la oscura vida de provincia y los acontecimientos reales que conmovieron toda una época. La obra resume y revive el desarrollo fanático de la famosa guerra del fútbol entre El Salvador y Honduras en 1969, tras aquel partido en México por la eliminatoria mundialista. Así como también plantea el brote de la represión, que acabó en la ficción con la vida del esposo salvadoreño de la débil y triste Teti, organizador de Alcohólicos Anónimos, estableciéndose un misterio que jamás se aclara y solo da lugar a bolas y vindicaciones sospechosas e inciertas. Es el tiempo previo a la insurrección guerrillera, y la novela un cuadro fiel de la vida urbana en dichos días. Esta novela es nostálgica, llena de sobresaltos y portadora de un retazo de la vergonzosa historia de nuestra región.

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