laColumna: Lado b
Malos tiempos para la nicotina. Desde el jueves pasado, la MPAA, que es el organismo estadounidense que regula las películas a partir de su contenido sexual y violento, incluye el consumo de los cigarrillos a sus criterios de clasificación. Cualquier filme que “glorifique” (sic) el uso del tabaco será sancionado automáticamente con la calificación R (restringida para menores) o con penalizaciones aún “mayores” (¿se referirán a la censura total?).
Las consecuencias económicas para aquellos que transgredan la disposición son evidentemente catastróficas, tomando en cuenta que el grueso de los asistentes a las salas cinematográficas son menores de 17 años. Son medidas a favor de la salud pública, nos dicen, y frente a semejante argumento, cuestiones como la libertad artística y de criterio son nimiedades de la democracia que nadie va a ponerse a tomar en cuenta. De todas maneras, qué tipo de iluso aún cree que el cine sea un arte. Pues bien, de aquí en adelante el cine cuidará de la salud pública y gente como Bacall, Bogart, Sinatra, Swanson, se convertirán en una especie de peligrosos incitadores a la rebelión. Ya casi todos murieron, es cierto, pero habría que enterrarlos aún más. Fumar, de acuerdo con la MPAA, es como tener relaciones sexuales con los muertos o con los animales, y ninguna sociedad sana puede permitirlo. Como tampoco debería de permitir la “glorificación” de la comida chatarra, tan nefasta como el tabaco, según infinidad de reportes médicos. Afortunadamente aún nos queda Bollywood. Y mientras escribo esto, buscó una escena de Hare Rama Hare Krishna, la famosa cinta india de los setenta: una bella y desenfadada Asha Bhosle canta una pegajosa tonada (Dum Maro Dum) envuelta en una espesa nube de humo de tabaco y de hachís. Agregar comentario: |
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