Opinión:Despedida fraternal a don MemeUna paz que se respiraba en cada rincón de su casa. Por: Iduvina Hernández
Don Meme, su partida me golpeó mucho y no sabía cómo asumirla ni de qué manera mostrarle mi gratitud. Alguien muy querido a mi lado me sugirió escribirle y comunicarme por la vía que me resulta familiar y cercana. Así que pensé despedirme por este medio y olvidarme de los males de mi país y pensar en lo bueno y en lo bello que representó su amistad. Pero ahora, ya encaminada escribiendo, veo que no es tan fácil despedirse de alguien como usted.
No obstante, es necesario y hay que pensar entonces en lo que significó en mi vida desde hace tres décadas. Cuando le conocí, Guatemala se estremecía en la década de los setenta. Fueron los gobiernos de Kjell Laugerud y Romeo Lucas. En esos años, como a muchas y muchos chapines, casi siempre me tocaba andar a salto de mata, además de que nunca sabía si retornaría sana y salva a la casa. Eran años difíciles y dolorosos. Cada día nos llegaba la noticia de la muerte o la desaparición de alguna amiga o amigo. Alguien, cada día, era ejecutado o desaparecido por buscar otra Guatemala. Y en ese trajín, en ese constante ir y venir entre las sombras, encontré luz y el abrazo solidario y caluroso de su hogar y su familia. Incontables son las veces que pude conciliar el sueño con relativa calma, sintiéndome segura y protegida por el abrazo de los suyos. Calor de hogar, protección y apoyo incondicional aderezado con el humor y la sonrisa proletarias, fueron un bálsamo que calmó muchas de mis heridas. Mi maternidad truncada también encontró consuelo entre las paredes de su casa y las flores de su jardín. Otras heridas en cambio, por ser demasiado profundas, llegaron a convertirse en llagas cuyo dolor se mitiga en ocasiones con el recuerdo de su sonrisa franca, brillante y desinteresada. En esos años, el camino hacia su refugio me parecía corto y las horas compartidas en su entorno parecían años de paz y de dulzura. Una paz que se respiraba en cada rincón de su casa y una dulzura proyectada en cada miembro de su familia. Todas y todos, trabajadores como usted, incansables, alegres y solidarios. Todavía recuerdo como insignia de su casa y su familia, la honradez a toda prueba y la integridad inquebrantable. Hoy don Meme, quiero despedirme y no decirle adiós. Quiero agradecerle su apoyo y su cariño pero, sobre todo, junto a su compañera, la construcción de un hogar y una familia que como la suya, renuevan la confianza en la sobrevivencia de la honradez, la rectitud y la solidaridad en Guatemala. Agregar comentario: |
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