Todo esto puede dar de sí dos botones mal cosidos.
Amable Sánchez Torres
Una de las cosas que más me han llamado la atención de la visita de Yevtushenko a Guatemala ha sido parte del diálogo sostenido entre el gran poeta ruso y una señora del mercado. Así lo refiere él, en la Revista D, de Prensa Libre, correspondiente al último domingo: “Te diré algo. He querido venir a este país desde hace muchos años. He comprado muchas camisas (típicas) de Guatemala en los mercados de Nueva York y en otros países. Aunque tengo una colección, porque las telas de Guatemala son estupendas, ayer lo primero que me dije fue: me voy al mercado. Y compré esta camisa. Inmediatamente, cuando me la probé, se le cayeron dos botones. Yo le dije a la señora…: ¿qué pasa, por qué se le cayeron los botones? Y ella me dijo: Yo solo las vendo. Otras las hacen”.
Después de calificar de flojas a las camiseras, alegar con la vendedora y tratar de convencerla de que así destruía su comercio, la vendedora dijo: “Bueno, yo se los voy a coser… Allí mismo me cosió los botones. ¡Y esta mañana se me cayeron otra vez los dos! Eso no debe ser”. (Usted puede ver a Yevtushenko, en la segunda página de portada de la citada revista, con la camisa abierta de par en par. Casi parece una cortina).
Pero quizá lo más interesante de todo es que en la entrevista el poeta no habla tanto de política o economía cuanto de educación: de lo imprescindible que es la educación para el progreso de los países, de cómo las cosas bien hechas son un indicador de educación, y de cómo pedirles a los países progreso sin educación es pedirle peras al olmo. ¿Cómo competir, con quién y desde qué bases? De aquí se deduciría que la educación no consiste solo en los buenos modales –que también son necesarios–, sino sobre todo en hacer las cosas bien. De esta manera la educación se da la mano con la responsabilidad y la responsabilidad se la da con la competencia. Ser irresponsable y ser incompetente es casi lo mismo. Hay personas que muy “educadamente” se pasean en los derechos de otros y hasta quizá les meten un puñal por la espalda. En este caso la otra cara de la educación y de la competencia es la cara oculta de la irresponsabilidad e incluso de la hipocresía. Todo depende del calibre del abuso.
Ante las consideraciones hechas, se me imponen, sin siquiera buscarlas, dos situaciones: el turismo y los maestros. Un turismo que debería llegar como un torrente, pero que apenas llega por cuenta gotas. Unos maestros que deberían esmerarse en asistir a clase, enseñar, dar buen ejemplo, y andan por ahí, muy jovialmente, haciendo manifestaciones, levantando barricadas, reclamando el respeto a sus derechos y violando los derechos de otros. Todo esto, y mucho más, pueden dar de sí dos botones mal cosidos.
0 comentarios: