Crítica no es criticonería. No es pasársela alegando por desmanes ajenos, ni machacando errores pasados, presentes o inminentes. Es cuestionamiento, sí, y hasta suspicacia y denuncia constantes.
Pero este cuestionar busca alcanzar, a través de un esfuerzo sistemático por comprender la realidad (humana, se entiende), una transformación positiva hacia la justicia y el bien verdaderamente común.
En cuanto ocupadas con la dimensión social de lo humano, las Ciencias Sociales o, más ampliamente, el pensamiento sociopolítico, las disciplinas humanísticas y aún, a su modo, las artes, están llamadas a aportar al ejercicio ciudadano criterios o elementos de juicio para su desenvolvimiento informado y transformador.
Es afortunado constatar que en Guatemala semejante llamado ha sido atendido y cultivado por académicos serios, comprometidos y consecuentes como René Poitevin –cuyo legado haríamos bien en asumir y ampliar– o las comunidades epistémicas de Avancso. De estas, el grupo de estudios sobre imaginarios sociales ofrece su primera publicación, Imágenes de nuestra realidad, realidad de nuestras imágenes (2006), que representa un buen ejemplo de cómo echarse a andar por el camino de la Ciencia Social crítica y transformadora. El proyecto es ambicioso y retador, por lo que su ejecución no puede estar exenta de bemoles o diminuendos. Sin embargo, el esclarecimiento crítico de las representaciones o conceptualizaciones más poderosas que animan nuestro actuar –o más bien, nuestra inacción– social seguro probarán ser gran utilidad.
Muy sintéticamente, los imaginarios clave dilucidados conciernen el orden social y la autoridad, el racismo, el trabajo y la familia. El régimen sociopolítico vendría a ser comprendido a través de los grandes significantes “la finca” y “el hombre-padre-dios”; el racismo, justificador por excelencia de la servidumbre de las mayorías, por la mitología de la “blancura de la sangre”. El trabajo sería vivido como agonía, incertidumbre y, en consonancia con un orden socioeconómico resignadamente individualista (“¡sálvese quien pueda!”), como “cuentapropismo” y competitividad; la familia, como una convivialidad perdida en una entidad de mera subsistencia.
Estos imaginarios pintan en su conjunto una ciudadanía imposible o impotente, incomunicada, atemorizada, recluida y mimetizando en su vida privada la alienación y la violencia que impera en lo que, más por nostalgia o precaria esperanza, aún llamamos “sociedad”.
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2 comentarios:
sandra morales: (2007-05-17 13:04:39 horas)
La evaluacion ha sido el elemento mas complicado dentro de las ciencias sociales, por la larga secuencia de frecuentes resoluciones dogmaticas, rodeada de demasiadas barreras asi como de bien razonadas opiniones. Este problema no ha sido encarado directamente sino sino solamente cuestionados por medio de preguntas dispersas, simplemente asumidas o adoptadas. Es facil ver que la mayoria de problema sociales conllevan una confusion de errores de hechos y de concepciones poco claras y prejuicios evaluativos. Cuando hay valores firmes y consistentes atrapados por conflictos de interes, y este conflicto no puede ser resuelto por un analisis logico y una investigacion objetiva, entonces el papel de la razon juega un rol mas importante en estas circunstancias. Y aun asi cuando estas metas se lograran [unidad familiara estable, relacion trabajo-capital equilibrada, etc] los problemas morales llegaran a ser problemas del poder, como ultimo recurso, y si este ultimo recurso alcanza una solucion, la forma final del poder es la coersion. Asi que si lograran la vision sociologica q' uds. plantean, esperamos que no se tenga que "coscorronear" al que no este de acuerdo con sus planteamientos. Mientras tanto debemos de ser razonables en cuanto nos de nuestra capacidad de serlo asi como sujetos de argumento en las vicisitudes diarias de la vida [argüir, argüir]...
Rolando Alecio R.: (2007-05-17 10:05:41 horas)
Estas imagenes sobre nosotros mismos (¿cómo nos vemos los guatemaltecos?), impuestas por unos y asumidas por otros; son el fundamento de la identidad colectiva y, al mismo tiempo, se constituyen como la base de los prejuicios y de la discriminación. Es necesario repensarnos como guatemaltecos, quienes somos, como nos representamos a nosostros mismos, para poder redistribuir los papeles y las posiciones sociales que nos marquen una ruta, reguladora y justa, en la construcción de un mejor futuro.
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