La orientación de la estrategia institucional, hacia el análisis, estudio, propuesta y acción social para contribuir a la resolución de la problemática agraria y del desarrollo rural, estuvo basada en tres vertientes principales: a) Reconocer a esta como la problemática central de Guatemala y de cuya solución depende el desarrollo nacional y la democratización del poder y la riqueza; b) Los contingentes de refugiados y desplazados en su origen eran campesinos e indígenas ligados a procesos productivos agrícolas; y c) La membresía desarrollaba y aún desarrolla sus principales tareas, en el campo guatemalteco, es decir, el desarrollo rural y agrario se sitúan como el ambiente natural de trabajo, para Congcoop.
Estas condiciones facilitan el desarrollo de contenidos y alianzas de trabajo con sectores y actores, nacionales e internacionales, que propugnan por un desarrollo equitativo y sostenible para el agro.
Esto permite a Congcoop desarrollarse como actor propositivo en la problemática. Sin embargo, de las alianzas de trabajo una ha sido fundamental: la tejida con las organizaciones campesinas, tanto con organizaciones locales, cuyo vínculo más estrecho está con las ONG y las cooperativas miembros, como con la Coordinadora Nacional de Organizaciones Campesinas (Conoc) y sus organizaciones constitutivas. Este vínculo alimenta, enriquece e incentiva la visión estratégica de la institución y es el aliento necesario para la constitución del Instituto de Estudios Agrarios y Rurales, que bajo el alero de Congcoop, y producto del desarrollo de la investigación y acción en su seno, se presentó a la sociedad nacional el año recién pasado.
Quince años no son nada para efectos del tránsito histórico, sin embargo, para una organización social, sin apoyo estatal –más bien boicoteada por este, en sus orígenes–, y cuyo sostén ha sido la acción solidaria de sus miembros, la alianza con el movimiento social y popular y el apoyo de entidades de cooperación solidaria, significan la consolidación de un cúmulo de esfuerzos, de construcción paciente y responsable, de una institución social. Esta corta y fecunda presencia en la historia nacional deberá ser un acicate, para todos los estamentos de la entidad, y un estímulo necesario para enfrentar los retos de una sociedad inequitativa y polarizada. Un futuro aún más promisorio dependerá de principios sólidos, profesionalización del quehacer y la propuesta, orientación estratégica, inclusión de dirigencia joven y fundamentalmente, compromiso honesto con la lucha campesina y la transformación social y económica nacional.
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